Los 10 discos pop del 2013, según LOUD.cl (Parte I: Lo Peor)

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Al pop se le suele estigmatizar constantemente ante el precio de sus propias características y virtudes. Estamos ante un género de “Estrofa y estribillo” carente de profundidad, de cabida sencilla y con arreglos precarios que cometen en la mayoría externa, una reacción mal vista.

Generalmente el pop se conforma hacia el éxito, en una especie de Ley Maquiavelista por vender, enganchar y cometer perpetración en el colectivo, sin importar los métodos. Una especie de experimentos constantes, con creaciones con vida de corto plazo y desechable han ensuciado la verdadera veta del pop; esa capaz de referirse y sumirse en lo simple, en una especie de ingenio por condensar elementos de distintas urbes.

Sin ir más lejos, el pop tiene propiedades dúctiles que le permiten vivir en metamorfosis infinitas, sin crear campos complejos. Todo un aparte digerible, perfectamente visible en primera instancia y un elemento profundamente identificable, en el resultado final de cada sesión. La virtuosidad se mide en el nivel de ingenio de impregnarle identidad; cosa que acá siempre se ha permitido.

En este listado te demostraremos lo uno y lo otro, ejemplificado en un recuento de lo peor. Luego, lo mejor.

LO PEOR:

10. Will I Am – #WILLPOWER (2013)

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Will I am es incombustible. Autoproclamado como una especie de mesías del pop y el rap bailable, su astucia lo pone a jugar con un disco que cae en todo los clichés de la EDM, trazado desde el excesivo uso del Auto-Tune; bases recargadas de vibrates encadenados del bassline más chano y pistas uniformes que poco varían entre una y otra. La idea es plantarse de cara al éxito de David Guetta, Pitbull, Flo Rida o el más cercano a Swedish House Mafia.

Feats con Skylar Grey, Miley Cyrus, Justin Bieber o Britney Spears no son suficiente, sólo colocando a sus estrellas como vitrina de atención. I AM busca ser un arquitecto y lucirse en forma como buen productor, no obstante, su facilismo lo vuelve desechable y en el intervalo agotador. ¿Se baila alguna canción?. Claramente, pero nada perdurable.

9. Avril Lavigne – Avril Lavigne

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De raíz ya no es problema que pretenda ser rocker, sin serlo. Su parada puede resultar fresca, accesible y simpática en canciones melosas de adolescente atormentados, como lo hizo con su Let Go y The Best Damn Thing  en su momento, dos de sus discos más recordados.  Avril es pop dulce, actitud semejante a un punkie de Kel Kalderon, disfrazado de guitarras y letras “Forever Young”. Indistinto a esto, el colmo va rayado con este disco, amarrando la fórmula habitual y cuasi ahorcándola.

El drama de Avril es que insiste con su background, ya volviéndose desgranando y desinflándose con canciones tan genéricas a su haber, como lo son Rock N Roll, Hello Kitty o la extremadamente vergonzosa “Bad Girl”  con Marilyn Manson. Ni hablar del dúo con su esposo de Nickelback, una especie de My Inmortal de Evanescence de mala fábula. Acá de Riot GRRL de plástico poco se compra. ¿Qué pasará con AVRIL cuando tenga 40? ¿Seguirá con la misma tendencia?. El problema de frentón es que no crece con su público de 10 años atrás, como si lo ha hecho PINK o Justin Timberlake, siguiendo la vida de Peter Pan.

8. Britney Spears – Britney Jean

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Ocho discos de Britney, solventados siempre de un éxito asegurado. Claramente su presencia trae desafíos dispares, pero la estrategia suya y de quienes la manejan, la han sabido mantener en el soundsystem musical, siempre impuesta con su estatus intacto de princesa. Desde luego el éxito de Scream & Shout y los primeros intentos de Will I Am en Femme Fatale con Big Fat Bass, crearon la curva de una Britney que pretendía ser actual, codeándose con los beats gordos del EDM y revelando hits de Club, como lo suele hacer seguido Rihanna.

¿Qué pasó acá? Intento de “Blackout”, llamado más a “Circus” y menos a “Femme Fatale”. Un trabajo tímidamente concreto, que no desliga fuerza. A veces explosivos llueve con drops estroboscópicos; y en otros ratos se nubla con baladas y medios tiempos fuera de lugar. Producciones correctas, sin el carisma habitual. Acá se sobres-fuerza la producción de la totalidad, queriendo imperiosamente coronar hits. Un disco divertido, pero no memorable. ¿Peor por malo? Peor en su catálogo.

7. Ke$ha – Warrior

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Ke$ha aturde más que el autotune de Kanye West en Heartless y convirtió parte de la nueva era del pop comercial en una nueva excusa para bailar. Fregando con las pegajosas “Tik Tok” , “Blah Blah”, “Blow, o  “We R Who We R”, alzaba su esencia “Dirty” en alimento para que los chicos tuvieran más actitud que una Riot GRRL o los Quiet Riot.

Si su debut sonaba demasiado “Uffie”, este disco suena muy Peaches. Sucumbe un descaro de copias de ideas eléctricas poperas en su haber en canciones como “C’mon”, “I’m over it” y “Thinkin About You”, en una resonancia con feats bien curiosos: Iggy Pop, y Strokes. Warrior peca de tener un buen par de hits, volviéndose un disco con escoliosis.

6. Katy Perry – Prism

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Katy venía hablando de progresar con un disco más “Dark” y de tono oscuro, anticipando una nueva espiral de inspiración en su correcta carrera. Sin embargo, prosigue con su pasta de pop dulce, cálido y con simpáticos tonos de sintetizador.

Roar es más de lo mismo; Dark Horse un intento de pop-rap a lo Nicki Minaj y “Ghost”, una especie de French House bien descafeinado. Estamos en un disco prematuro, con ciertos momentos clever, como “Walking On Air”, una recreación de Crystal Waters o Ce Ce peniston o “Birthday”, una especie de reminiscencia al disco. Lucidez tiene en ciertas caras, pero no para asumir que Katy quiere seguir intentándolo con otra cosa.