Las mejores peliculas de Sofía Coppola (De mejor a más mejor)

Las mejores peliculas de Sofía Coppola (De mejor a más mejor)

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Muchas veces el ser el hijo de una persona famosa trae más posibilidades negativas, que positivas. Claro, tu atención por ser hija de Francis Ford Coppola se sostiene en mayor atracción para quienes gozan del cine de tu padre, pero aun así, la exigencia a esperar es altísima. Sofía ya sostenía críticas por su actuación de pequeña en el Padrino, razón infundada por esperar que el gen del prestigio pegue fuerte y tirite. Desde ese entonces, su carrera como actriz se vio mermada, entregando el veredicto negativo.

Quizás el ejercicio de estar en muchas grabaciones de su padre, como en Apocalipsis Now o “Cotton Club”, detonaron su veta por querer dirigir su visión en vida. Ya en el 98 lo intentó con “Lick The Star”, inspiración necesaria para adaptar la novela de Jeffrey Eugenides, esa tal llamada “Virgenes Suicidas”. Entre ceja y ceja, el estigma parecía desaparecer, definiendo a una directora de sello personal.

Sus películas tienen factores en común, siempre entrelazados por los problemas de identidad, la infelicidad y la alimentación de la soledad. No es de sorprenderse que la desadaptación de Maria Antonieta, el vacío de Charlotte o el enjambre de la perdición con Cecilia, Lux, Bonnie, Therese y Mary en un mar de inflexión de dolor, sean un margen con regla en mano. Convive mucha desolación y dolor, en un ambiente de sueño, que se fortalece con acciones reales y cercanas. Los protagonistas se sienten extranjeros de su propia carga de vida, sostenidos en el mal por el tiempo de anécdotas que la vida les ha dado. Siempre mareados, ahogadas, dubitativos y perdidos, sin saber donde ir.

Las opiniones de sus obras son bien divididas: Puede tratarse de una pérdida de tiempo, de gente banal o realmente conseguir una conexión de una mirada que es capaz de causar nostalgia, extrañeza e insinuar que ciertos códigos básicos de tu vida están, en un lugar que no te haz detenido a ver con anterioridad. Ordenamos sus 5 películas, de mejor a más mejor.

5. Somewhere

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Un factor comprometido en el cine de la autora, influye imperiosamente en el estado anímico que estás viendo la cinta. Cualquier factor modificado en tu vida, puede catapultar en mayor o menor grado tu percepción. La gracia siempre radica en jugar con las sensibilidades y en Somewhere ahonda en la vida del ser inadaptado, que lo tiene todo, pero aun así sufre el martirio de la prisión de la soledad. La llegada de su hija arremete en la encrucijada, de si será capaz de bajarse del deportivo y doblegarse de su realidad cómoda, distinta y rápida.

El mérito te atrapa desde una visión y sentido de la estética, que te lleva a la comprobación de la artista, de una realidad vivida en carne propia. Lo voraz y despreocupado del mundo del Cine de tu persona, si no das brillo. Subversivo, sin ser majadero con cualquier actor real. El guión es efectista, pero no logra crear esa tensión y credibilidad entre la hija y el padre. Pareciese ser que el acercamiento no es del todo exitoso, cuando pareciese serlo. El tramo logrado en Lost in Translation pareciese emularse, pero sin la mística que aborda el silencio y la empatia, en una especie de ocupar las fórmulas exactamente iguales de sus cintas anteriores.

4. The Bling Ring

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Su primer cinta manejada por hechos reales, presenta a un grupo de jóvenes que roban casas de gente famosa, como una forma de escalar y acercarse al mundo del Glamour, el Jet Set y el poder social que te da el abanderarte con ciertas marcas. Bajo el filo de acciones tragicómicas, atracos y el comprobar que cualquier persona podría realizar grandes acciones, convive el ejercicio de la directora: Esta vez sólo quiere que la escuches y no te imprimas algún sentimiento ajeno, como propio.

Acá todo parece una fábula irónica, con personas vacíos, que te hacen tragar esa sensación por mucho rato; pretendiendo creer que el tonto eres tú, intentando darle una interpretación compleja, a un hecho simple. Si a este escaso argumento le añadimos una forma de filmar fría y sin emoción hasta el caso de parecer que estamos viendo más un documental que una película, explota con la distancia servida entre los protagonistas y el público con una empatia nula, ayudando a la pérdida del interés y la constante repetitiva. Sin embargo, el retrato fiel de lo banal, la despreocupación por el riesgo de la consecuencia, retrata perfectamente a una generación. Una camada revolcándose en la vacuidad sin espíritu reflexivo, donde tu indirectamente tienes esa tarea de poner la identificación del sabor de la consecuencia.

3. María Antonieta

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Una interpretación arriesgada, de mastodóntico diseño artístico, donde los vestidos, los zapatos, las joyas y el glamour conforman una entidad. El punto álgido de la fotografía  alcanza toda la onda servida en la vida de María, protagonizada por Kirsten Dunst, una princesa adolescente, llevada al margen de sus momentos frívolos, snob y hasta cursis, servidos con buen enganche.

¿Por qué describirla así? No profundiza en un margen histórico, añadido más en el Lado B de esta princesa de Austria. El retrato de una vida de cocktais, lujos, tragos, dispersados paralelamente en cómo la protagonista no se haya con su propio status social de vida, acontece con una actitud desadaptada y sumida en una realidad poco blanda, que es capaz de contarnos en más de una hora, la vida de alguien sin impasses radicales, resultando aún así vistosa. Pretenciosa de vanguardia, como si esta Antonieta fuera más parte de la vida moderna actual.

Poesia visual y narrativa bien ejecutada. Si algo tiene de bueno el Cine, es cuando alguien es capaz de mantenerte expectante con poco o con mucho.

2. The Virgin Suicides

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Donde todas las miradas se centraron. Una cinta capaz de albergar más expectativas de las que realmente se ven cumplidas. Una mezcla de humor bastante mordaz, crítico y de análisis casi sociológico de una época determinada. Tiene ese sabor de Diario de vida adolescente, con esos sueños de querer enamorarse con alguien a más no poder. Toda una visión simplona, escondida en quiebres.

Envolvente, mágica, dulce, fantasmagórica, nociva, ñoña, inocente y rabiosamente enigmática. Macabra en su fondo, ensoñadora en la forma. Si no fuera por ese retrato uniforme y aburrido de la burguesía Americana, con sus patrones y formalismos, no sería lo mismo. No habría estallido emocional y sueños, en tanta represión por tratar de ser uno mismo. Muchachas reprimidas por su padres, en el mejor momento de la formación de la percepción de las novedades de la vida. Un final destinado por medio de la deformación de la libertad.

Por ser artificial, vacía, vaga, capaz de conformarse en una fábula negra, es todo lo que la hace adorable.

1. Lost In Translation

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El contexto de Japón es una metáfora de cómo los sentimientos aplacados, opuestos y de tristeza, pueden abandonarte y hacer sentir un extranjero de tu propia realidad. Ese apego infinito, contextualizado en el encuentro de dos personas sumidas en la soledad, alimenta la esperanza de que si hay alguien que puede ponerte dentro del mapa. Sería la expresión minimizada de la sensación de confortabilidad de recibir un roce, una mirada o una sonrisa casual.

Una radiografía de volver visible lo esencial, lo intangible y lo inexpresable. El mundo de Bob y Charlotte vuelve a tener color con encuentros tan casuales, simplistas y cotidianos; como el irse de Karaoke con Japoneses; irse de copas. Lo irónico, gracioso, confuso de Bob le da vida al ser individual, uno que se codea entre el prestigio de la fama, versus el alejamiento que esta le provoca de su realidad sentimental.

La amas o realmente la odias. Una visión personal, de algo tan simple: Todos queremos que nos encuentren. ¿Y qué mejor? Mimetizado en lo minimalista, rápido y cosmopolita como lo puede ser Japón. Con el soundtrack impecable de escuchar Phoenix, My Bloody Valentine o Jesus & Mary Chain.

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