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Los mejores 6 discos de Beck (Sin orden aparente)

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Innovación y revolución son dos palabras que acompañan el background de Beck, el mismo tipo que en los 90’s resultaba ser el perdedor con más onda; una rareza difícil de descifrar, que daba indicios de conectar toda esa voraz influencia que había dado la música en los últimos 20 años de esa época. Un individuo capaz de conectar todo lo existente  a su favor, aprovechando el don de poder ver donde nadie más solía hacerlo (Claro, Prince igual).

El éxito de Hansen radica en no tener prejuicios y en sostener el control sobre su percepción; es un hombre libre que usa la música como herramienta, para explorar, caminar y crear biósfera, como solo él puede. Poco le ha importado pasarse del folk-rock-electro-hip hop-blues en trabajos como Mellow Gold; la clave del baile con sintetizador y country en Midnite Vultures o sumir toda la carga sentimental en Sea Change: la prueba desgarradora de como alguien puede verse afectado ante las relaciones interpersonales; o Güero una revisión más pop a la vanguardia existente.

No elegimos los mejores discos esta vez, debido a la veta creativa y diferente de nadar del autor. Nos os díficil encasillar su virtuosidad en lugares, donde tantos factores y épocas han afectado al señor Hansen, eso sí, creemos necesarios estos discos para poder darte una ídea del poder de Beck.

1. Beck – Odelay (1996)

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Quien no se haya cruzado con Odelay en su vida, vivía en una burbuja. Es bastante extraño no haberse encontrado en la radio o en la tele con “The New Pollution” o “Devil’s Haircut”, canciones icónicas en su colectivo discográfico, las cuales crearon la base de la frescura y lo innovador del artista. Él era capaz de pre-escribir la interpretación de sus movimientos con una soltura única.

Beck te hacía más simple la vida con este disco, un encargo de construir pilares en veta electrónica con producción de los Dust Brothers, cargando la misión de poder sumir sonidos extraños, poco consumidos en el mainstream. Su fama le estaba dando permiso para experimentar su categoría de hip hop lo-fi, pudiendo tocar la percepción digerible para el público general con su plan de ser tranversal; tan simple como jugar con la tradición y la vanguardia en el mismo plano. Toda esa actitud lleva al Odelay a no parecerse con nada.

2. Güero (2005)

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Estamos de acuerdo que “el movimiento” es la principal característica y factoría en el mundo del autor. Constatar el trabajo de Sea Change ante un Midnite Vulture, habla de un personaje que está por sobre la media. Su arma de doble filo es ser generacional, pariendo los 90’s como su madre, lo cual afectaría en la época del 2000 su pasión desbordante. Güero era el re-encuentro con el lofi rock hip de Odelay, la soltura concreta de que podía volver a hablar sus propios idiomas del pasado en la actualidad.

Quizás su visión iba demasiado adelantada, sospechando este disco como una aproximación cercana al Beck de rima, labia y calle. Esta vez no trataría solo de coquetear con el rock, dándole alto alcance en esta oportunidad. Esta  coctelera le incluye hip hop en funk,  vientos sampleados, fusión latina, vista con su obsesión por usar términos en español, en una parada mucho más rítmica.

Tiene electrónica en -Girl- ;aromas brasileños con “Missing”; la madre de las fusiones de todos sus fondos en “Earhquake Weather”; Garage al borde del blues con “Go it alone” y la famosa “Guero”, vanguardia sin pretensión/ambición y al disfrute de todos.

3. Mellow Gold (1994)

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Loser sería la puerta al éxito y el permiso necesario que dejaría al multifacético realizar la realidad de todas sus inquietudes. Mellow Gold iba en una caminata de primera vista Folk, traicionada en una sencillez pop atronadora, que permitía a Beck rapear en bases lo-fi.

Acá queda demostrado el nivel de poder probar que lo complejo se puede manufacturar con sencillez, con un discurso generacional que estaba saliendo del mareo Grunge. Un rockero jugando al tradicional, pero escupiendo ácidez a su modo. Beck hablaba de sustentabilidad de las influencias en armas para la vida; cosa posible si podía cantar con bossa nova, funk o electrónica en canciones como “Blackhole”, “Pay no Mind” o “Sweet Sunshine”. Loser hacía que entre más perdedor cantaba, más winner lo convertía.

4. Midnite Vultures (1999)

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Ahora su función recaía en crear “El último disco bailable del milenio”, cosa que debía hacer tras su relajado Tropicalia. En plan “Prince” marcó otra pauta para ofrecernos canciones como “Sexx Laws”.

El disco es una milicia de ritmos infecciosos, citados po filtros vocales y falsetes, que siguen trabajando en baterías sampleados del rap, en una oda futurista de como sería el folk en su actualidad. El objetivo de sonar a diversión queda de manifiesto, salvo en el valor enérgico interior de canciones como “Debra”.

5.  Tropicalia (1998)

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Queda comprobado que el delirio y la abstracción son la construcción de Beck en armar su realidad. Esta vez la veta iba por el kitsch y el remix cultural en la pose de su folk lo-fi, lo que le permitía estar tan lejos del folk y tan cerca a la vez.

Beck uniría fuerzas con el famoso productor de Radiohead entre otros, Nigel Godrich, resultando un disco mucho más intimista, acústico y hasta oscuro por momentos, evidenciando la facilidad de Hansen para transformarse y interpretar distintos géneros musicales con mucha calidad y facilidad lo que seria una característica por el resto de su carrera. Perfectamente podías estar en vacaciones por el Oeste con “Canceled Chek” o citar ritmos candentes con “Tropicalia”. El disco menos comercial.

6. Sea Change (2002)

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Su impresión de quedar también como un buen songwriter y poder soltar toda esa desilusión y pena, daba a Sea Change una categoría de íntimo en su máxima expresión.

La madurez rigió, cavalgando en un blues y folk bien maduro, contemplativo, reflexivo y visceral, recordando la llegada de Neil Young. Un disco que genera actitudes distintas y llevó nuevamente a la exploración como una nueva meta.

Cristian Poblete

I'm Danny Brown and Ryan Gosling. Primer Hokage en pueblo ruidoso