Arcade Fire – Reflektor (2013)

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Con el pasar de los años, los medios se han inclinado insistentemente en una especie de oleada por crear hype, por vender rápidamente nuevas leyendas, algo incitados por el miedo a no encontrar momentos chispeantes o de lucidez. Angustia el hecho de tener a Mumford & Sons, The Killers o The Black Keys como nuevos reyes de la oleada de Estadio, de forma tan meteórica, pidiendo a gritos que hayan más U2, AC/DC, Bon Jovi, Depeche Mode o Rolling Stones. ¿A qué viene esto? Arcade Fire viene de la misma seguidilla, tras darse cuenta el mundo que “Neon Bible” ofrecía todo un potencial, sumido en coros esplendorosos y visualizar de manifiesto a una banda tocando en una Iglesia con alegorías casi épicas. Esto ha hecho en ver al grupo de Win Butler en una escalera ascendente, que encontró llave para esa gran puerta con el excelente “The Suburbs”; razón imperiosa para tener en el ojo del Huracán un nuevo trabajo de la agrupación, que ni siquiera teniendo polvo en su cochera, ya son capaces de levantarlo.

Los Fire tenían dos opciones clarísimas: Aprovechar el tope sonoro de The Suburbs y seguir explotando esa veta conceptual que lleva la banda a niveles prolijos y obsesivos, carga imperante en el éxito de sus años. La segunda era evolucionar, sembrando un aire fresco, un lavado de cara, pero dentro de los mismos márgenes; Todos queremos experimentación, pero dentro de la aproximación. Que se vista distinto, pero que se mantenga reconocible. Ni perezosos llaman a James Murphy, ya bendecido como el Leonardo Da Vinci sonoro del Siglo XXI, que con sus LCD Soundsystem fue capaz de dosificar en gotas precisas, toda la alienación de la electrónica en el rock, obra por la cual será recordado.

Todo esto daba resultado a un riesgo que debían correr, pero con la seguridad de todo el poder de imagen que estaban dando en la actualidad: Una de las mejores bandas de este siglo; ganadores de un Grammy, 3 álbums impecables y la sonrisa de David Bowie. La mano estaba ahí, y para ello, necesitarían amansar a su público, partiendo por un viral en imágenes. Supieron amansar a su público desde un principio, entregando pistas en goteras y promocionando parte de la nueva visión, de la forma más atractiva posible. El concepto de presentarse en plan como “The Reflektors”e ir decorando sus pisadas por SNL, The Colbert Report y recitales secretos, en una banda alegre para la fiesta, cambiaba el switch en la orbe. No podías dejarte de sorprender, si todas las pistas iban unidas al manejo e importancia imperiosa del “sintetizador” de arco a arco. Lo orgánico seguía presente, pero realzado en influencias que podían cargar desde Curtis Mayfield a Talking Heads.

Si hay una cosa que me parece excelente y colador en este nuevo trabajo, es que tu opinión no se puede basar en la disquera “Reflektor”, el single montado de alegoría y de cartel enorme, el cual habla de la nueva etapa de Arcade Fire. Claro, la canción existencialista, que consiste en  pin pon de Butler y Regíne por suscitar las preguntas de la vida, posee un recurso valioso; ser capaz de anotarte en un vacío, sólo rigiéndose por lo abrazadora de la melodía. Te encargo que alguien creara un beat pegote, hablando sobre matemáticas o ciencias naturales y llegar a la médula. No obstante, el single se acerca al mensaje de todo esto: El existencialismo, adornado de ritmos Jamaicanos  y las bondades del sintetizador.

Esta obra no es radical y tampoco se convierte en un ejercicio marcado de cómo ser disco, sin abandonar las guitarras. Reflektor es un poco de todo; una carga esporádica de muchas opciones, variadas vitrinas y la siembra de muchas cosechas a medias. La fortaleza se rige en la capacidad abierta que han tenido para interpretar su viaje por Haíti y África, en todo ese consenso por vibrar ante la raíz negra, eso sí, abunda una heterodoxia reconocible, que se procrea en las percusiones realizadas con los bongos y las líneas marcadas por los bajos. Hay un mapa claro, pero con muchas rutas para poder llegar, lo cual explica la praxis de recordar a los Smiths y a los Talking Heads, en un ambiente de carnaval.

Canciones como “Porno” hablan de esa carga con la percusión, que por ahí confunden con el beat horrendo del reggaetón, y contiene la melodía característica de la fiesta negra; otras como Flashbulb Eyes , Afterlife y Supersymmetry son una especie de retorno Kitsch, pero con una tuerca tropical; y We Exist tiene esa blandeza funk/popera que perfectamente podría emular Michael Jackson. Sorprende el inicio de Joan of Arc, que suena tan hxc DIY, para convertirse en una especie de fantasía, envuelta en miel con el fránces de Régine.

También hay espacio y guiño para el retorno en “Awful Sound”, envuelta en ese eco épico de los coros revitalizadores y un discurso tan “nosotros contra el mundo”, que daba cátedra en el disco anterior; Normal Person, un cuestionamiento en clarividencia art rock; o la capacidad de teatralidad que puedan llegar con ‘It’s Never Over (Hey Orpheus)’. Por otra parte Here comes The Night Time y su segunda parte, hablan de la diametralidad de sensibilidades que puede atrapar la banda; una de celebración; otra de meditación.

¿Qué se puede decir de Reflektor? Un disco interesante que bebe de sus influencias, sin gastarlas. Perfectamente podrían ser Bob Marley en categoría David Byrne, lo cual no les parece suficiente. Lo valioso está en su histrionismo, su poder de contensión y quizás en lo más visible: el poder de ser unos estupendos arreglistas. No quiero entrar a comparar este disco con anteriores, ya que sería hablar de distintas fases, sin claros nexos profundos. Aún así, me parece que se han marcado una dosis perfecta de su habla, intentándolo con el sintetizador.

¿Disco del año? Posiblemente. Tiene tantos argumentos, pero quizás no el peso. La flexibilidad que abunda en el ramillete de tantas canciones, no llega a la profundización. Se puede buzear…a ratos.

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