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El Ocaso de las Recreativas

Hace un puñado de años atrás, ir a jugar a tu arcade (recreativa) preferido generaba pura diversión, ofreciéndonos este ritual de tan sólo 25 pesos cada ficha (en caídas de carnet heavy 1 peso): una buena opción de panorama,  y una manera económica  de distraerse de la vida por un momento. En ese entonces uno quedaba en llamas al llegar al local de barrio, comprar su par de fichas –con el vuelto comprar media hora o el candy- y embarcarse a desafíos diarios, que a veces se tornaban titánicos. Tantas veces en donde gane peleas, terminé juegos, me ganaron como 5 fichas seguidas,  y en casos extremos el pato malo de turno me apagaba la máquina de picado, se terminaron. Gracias a la tecnología.

Esa misma tecnología que nos hizo vender nuestra alma al diablo, con darnos consolas, internet, computadores y a las viejas “la afamada máquina tragamonedas”. Esta avalancha produjo daños colaterales: no sólo mató locales emblemáticos o de barrio, sino que también una opción de compartir. Cabros, con el ánimo de querer buscar culpables, repasemos como todo esto se generó.

Master of Adventure

Como muchos, tuve la oportunidad de disfrutar este movimiento de buenos juegos noventeros, Beat Em Up, los puzzles y los fighting, tales como: Street Fighter, Mortal Kombat, Sunsetriders, Tortugas Ninjas, Snowbros, Cadillacs y Dinosaurios eran la sensación.  Imagínense con tanta maestría de juego, era la patá ir avanzando, pegando combos, recoger hamburguesas y pelear con los bosses más uniformes del planeta (jefes mutantes, dinosaurios en metamorfosis). Sin embargo, disfruté la verdadera esencia del arcade  en los juegos de peleas, en donde existía la real competencia y los ánimos más caldeados por querer ganar, siempre con la misión de hacer el fatality más brutal (los mejores ámigos de tus padres y aquí en vivo).

Del Local de Barrio a tu casa non-stop

El asunto fue así: el atari fue la advertencia, el nintendo el primer golpe bajo y el playstation dejó tambaleando a las recreativas. Las grandes empresas (Nintendo, Sega, Sony) nos entregaron la misma calidad, en la comodidad de no moverte de tu hogar, tener a disposición una gama de juegos exclusivos y hasta ports (traspaso de arcade a consola) de buena calidad (Mortal Kombat, Killer Instinct para Super Nintendo). Inclusive hasta fomentos para tus padres; imagínate, te iban a tener localizado (a veces me iba fuera del barrio a buscar máquinas). Se iban a ahorrar plata  (me echaba hasta luca diaria) e iban a tener un filtro sobre lo que tu jugabas (no me dejaban jugar MK), o sea, sinónimo de complacencia infinita para ellos. Todas estas cosas provocaron una disminución en comprar fichas, cerrando varios locales (Cerraron Diana de Ahumada loco) y así fue llegando el declive. De todas formas aún se seguía jugando hasta que: llegaron las máquinas tragamonedas y las roms, cha chaaan.


Vamos por los tres limones

El golpe de gracia lo dio las roms y el finish him las tragamonedas; tenemos la posibilidad ahora de jugar los mismos juegos de arcade, con continues infinitos y si tenemos plata comprarnos un joystick para mayor comodidad. En el caso de las segundas, las señoras con problemas compulsivos, pueden apostar la plata del pan, invirtiendo sumas de dinero, para ellas es serious business. Estas cosas convirtieron a nuestros locales en casinos ilegales. A modo práctico hagan esto: cierren los ojos y recuerden todos los arcades que frecuentaban, ahora abran los ojos y verán casinos en Santiago City, ahí tienen la real respuesta.

Panorama Actual

La resurrección del género se ve bastante difícil, los tiempos cambian, las generaciones nos hacen relevo. Estas últimas no se divierten con lo mismo, siendo más cortantes, con necesidad inmediatas, más ensimismados y  conviviendo en una comunidad llena de flaites, con este tipo de cosas como les va a dar ganas. Sin importarme todo esto, aún voy a jugar fichas a los Diana de Merced o San Diego, Los Raplan de Est Central, El Hoyo de Républica o los chorizos Fliperin de Plaza Puente. No puedo dejar la oportunidad de disfrutar de este ritual, ya que fue este fue uno de los motivos de encantarme con los videojuegos. Los invito cabros, aún es un buen panorama.

Cristian Poblete

I'm Danny Brown and Ryan Gosling. Primer Hokage en pueblo ruidoso