Magic, Magic (2013): El doble filo de confeccionar Cine de autor

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Los tópicos de interés de Magic, Magic eran muchos, los cuales inicialmente iban más allá de su trama. El hecho de contar con actores de Hollywood como Michael Cera, Juno Temple y Emily Browning; el fotógrafo de Wong Kar Wai y un Sebastián Silva con altura de miras tras el éxito de La Nana, envolvían al pastel con un carácter muy vistoso. ¿Qué más cool que codearse con un mayor presupuesto?.

Esta vez nos ibamos al Sur, en un viaje que nos centra en la vida de Alicia,  una joven norteamericana de vacaciones en nuestro país, con motivo de visitar a su prima Sarah (Emily Browning) e irse al Sur por un tiempo corto. Su prima en el camino sufre un transpie, lo cual hace cambiar el rumbo inicial de la situación, quedándonos solo con gente que no conocemos. Acá convivimos con Brink, un estudiante de intercambio estadounidense con una vena sádica, el pololo de Sarah y la tía. Al envolverse en estos cambios de planes, es cuando nuestra  desconcertada protagonista, comienza a sufrir insomnio, pesadilla y niveles de máxima incomodidad. La paranoia agranda las visiones de Alicia, sumida al borde del pánico.

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El hilo conductor recae en el recurso de centrarnos en los cambios de ánimo de la protagonista, que sirven de marco torturador e inquietante a lo largo de la cinta. El hecho de estar sola, en un lugar donde no conoce a nadie, con planes drásticamente cambiados y más encima con dos socios hostigosos/pepes, sólo acrecienta una crisis que da atmósfera a la desesperación. La incomodidad es la propuesta para engancharnos, un componente que nos hará empatizar en la angustia de nuestra extranjera pérdida en el sur y que más de una vez te hace decir: ¿Qué chucha?.

También el hecho de no saber qué está pasando en la película, y no delimitar un quiebre que sea visible o fundamental, para poder distinguir cierta ciencia y comprender con precisión la desesperación de Juno Temple, le quita puntos fuertes. Falla enormemente en la profundización, constante que discrimina a todo espectador y se acrecienta en el hecho de tratar de dar una interpretación, con pocas pistas. La manera en que se centra, te da la impresión de estar en un viaje de Vacaciones de Verano en el sur, punto que le da simpleza a la cinta en un principio, a un camino que bifurca cuáticamente y nos comulga en una especie de reflexión. Si la clasificáramos, se iría a la puerta de Cine de Terror sicológico, como esa de Roman Polanski y su Repulsión.

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Una cinta no estrenada en Chile y que pasó directamente al DVD, enfrenta esa premisa de preguntarse, hasta que punto un director puede arriesgarse a contar relatos de manera tan personal y aún así, probar suerte con la percepción de tener cierta aceptación. Acá estamos ante una película de sensaciones, que pinta en lo simple y cotidiano, agrandando hechos pequeños a lo perturbador. La percepción de terror de nuestra protagonista, nos sumerge en la crisis, donde cosas como ver ritos indígenas perturbadores, extraños comportamientos de animales o inquietantes trances hipnóticos en una noche de copetes, se vuelven sicóticas. Una cinta que por su pretensión, no es de gusto general. Con un guión facilón y simple que disfraza interés, asomado en hechos dudosos post- confusión.

¿Méritos? La impecable fotografía y ese don arriesgado de seguir edificando un suceso, que perfectamente podría pasarte a ti y ser completamente vendible. Paranoia sin fantasía.