Ciencia Ficción favorita: 12 Monos

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Escrito por: Judith Herrera Cabello

De seguro que conoces “Doce Monos” (Twelve Monkeys, su título original). Cuando era chica solían darla regularmente en La Red -con hartos comerciales de por medio eso sí-. La daban a las 10 p.m., después de la teleserie y yo la veía (y la veía y la veía). Principalmente porque soy muy fan de John McClane y verlo fuera de edificios en llamas y con zapatos puestos era un alivio. Pero no es solo eso lo que hizo de esta película mi favorita, sino lo feisima que es. Terry Gilliam, antiguo miembro del grupo de comedia negra inglés “Monty Python”, es el director. Demás que también conoces a este grupo de humor, si no es así, espero que vayas de inmediato a Youtube y busques el sketch “El chiste mas gracioso del mundo” (The funniest joke in the world). Te espero. ¿Ves? Son unos genios, si tienes tiempo -o si quieres perder tu tiempo-, te recomiendo mucho “La Vida de Brian”.

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 Volviendo al tema, Gilliam dirigió en el ’95 “Doce Monos”, luego de haber incursionado diez años atrás en la ciencia ficción con “Brasil”. Siguiendo el espíritu de esa película e inspirándose en el film francés “La Jetté”, nos ofrece una visión de una futura distopía en donde los humanos viven en condiciones horribles debajo del suelo terrestre. Claro que el argumento, como buena película de ciencia ficción, va de viajar en el tiempo -duh- para salvar a la humanidad. Este papel recae en John Cole (Bruce Willis), quien es un preso sin futuro a quien le ofrecen la libertad si es que va al pasado a averiguar sobre el virus que los hizo cagar.

 Como decía más arriba, lo que más me gusta de esta película es lo fea que es. Siempre que la veo me da una ligera sensación de claustrofobia -y lo soy, apenas puedo ir a Fantasilandia por eso-. Gilliam utiliza lentes de Fresnel para grabar algunas escenas, como las que muestran a Cole en la prisión siendo visitado por los científicos, o cuando se encuentra en el siquiátrico. En estas escenas, especialmente en aquellas en donde Cole comienza a cachar que le fallan los tornillos, Gilliam juega con los planos recalcando la atmósfera enferma de la película. La estética en donde los científicos interrogan a Cole luego de que éste regrese al presente, fueron hechas con cuidado e intención de Gilliam, utilizando los trabajos del arquitecto Lebbeus Woods, como los visores con los que los científicos graban a Cole y los televisores deambulando dentro de la habitación en un estilo cyberpunk. Parece salido de algún anime de Katsuhiro Otomo o de “Ghost in the Shell”. Es súper loca. De esta manera, los enfoques cerrados, los ángulos de cámara loquillos y los colores utilizados hiper fríos, te subliman para que te metas en la cabeza que el mundo es un lugar desolado y triste y que Brad Pitt puede actuar. Gilliam hace de la fealdad visual toda una herramienta para comunicarte lo cagado que están todos dentro de la película.

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 El tema principal es el viaje en el tiempo, algo más que recurrente en la ciencia ficción. La narrativa te permite entender al film como un ciclo paradójico; la escena con la que se inicia se trata de un sueño que muestra a un niño viendo la muerte de un hombre en los brazos de una mujer rubia, para luego pasar a Cole despertando, mostrándonos que es un sueño. Ya llegando al final de la película (vienen spoilers, así que llega hasta aquí sino quieres saber más) cuando Cole junto con Kathryn Railly (Madeleine Stowe) intentan evitar que el doctor Peters (David Morse) libere el virus en el aeropuerto, cachamos que el sueño no es en realidad un sueño en sí, sino que una memoria. Pa la cagá. Cole muriendo en los brazos de Railly, es el hilo conductor de la narración, Cole de niño quien presencia los hechos, revelándonos que la primera escena de la película es un flashback del final, generado gracias a la paradoja temporal. La zorra.

 Si lo de arriba no hace está película supercalifragilisticoespialidosa, entonces el que Gilliam juegue con el tema de la paradoja en el tiempo, atándolo también de una forma meta dentro de los diálogos de los personajes, lo hace. Como se puede ver en una escena en donde Cole junto con Railly están escondiéndose en un cine donde están dando “Vértigo” de Alfred Hitchcock. Justo dan la escena en donde Kim Novak representando a Madeleine Elster recorre con sus dedos las líneas de un árbol diciendo: “(este es) el año en que nací. Y aquí muero. Para ti representó un momento. Ni te enteras.” Esto mismo hace alusión a la propia paradoja desarrollándose en la película, no por nada mientras ve la escena Cole le dice a Reilly: “Creo que ya vi esta película. Cuando niño, por televisión. Sí, ya la vi (…) Eso es lo mismo que nos pasa a nosotros, como el pasado.” O sea Gilliam te está diciendo que los pobres personajes están encerrados en una paradoja. Y ni hablar de la música. El tema principal de la película está basado en la “Suite Punta del Este”, del músico de tango y compositor argentino Ástor Piazzolla. El tango con el que se da inicio a la película, con los monos girando en un espiral, te da un vértigo genial.

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 Doce Monos te deja ver que a través de la fealdad repulsiva puedes encontrar toda una degeneración psicológica, en este caso la de Cole y el hecho de que cada vez que la veas, encuentres algo nuevo. Como Cole le dice a Reilly: “La película no cambia. No puede cambiar, pero… cada vez que se ve es distinta, porque uno ha cambiado. Uno se fija en otras cosas”.