• album-review
  • musica

LOUDClassic: Los Tetas – La Medicina (1998)

tumblr_m760kw6Iky1rbn2q9o1_500

Parte importante de la población chilena se cree/nos creemos europeos para el vacilón. Gustan/mos del electro de influencias eurobeat, luces, bailes culiaos raros, etecé. Hay otra población súper autóctona, vacilamos la cumbia y esas vainas. Otra porción es con la que lidiaremos hoy y ahora, enmarcados en la proximidad de nuestros queridos feriados que a estas alturas da lo mismo qué eran. En ésta se rescataban ritmos urbanos propios de la cultura norteamericana, más específicamente de la población negra (disco, funk, hip-hop). Y harto vacile negro que le hacía falta a Chile, ya que este cuarteto llamado Los Tetas lanzaría el 1995 un discazo titulado Mama Funk, donde un cochino sonido rockero se colaba entre nichos de hip-hop en inglés y español y funk con harto bajo. Pero el disco que terminaría de consolidar el sonido de estos cuatro muchachos saldría unos años más tarde y se titularía La Medicina, dándole la cortada a ese sonido más rock y volteándose hacia música más dance, disco y hip hop (sí, con esta banda los fundamentalistas también toman bandos y se dividen en Medicinectioners y Mamafunkliebers).

La Medicina sale al mercado el año 1998 a pesar de la inicial negativa del sello EMI a sacarlo por su baja proyección de mercadeo. Pocas copias se imprimieron y se vendieron de tamaña obra maestra del funk, que hoy es casi imposible de encontrar a un precio menor a 15 lucas. El disco que marcó el peak musical para esta banda antes de que, con la partida de Rulo y posteriormente de Pepino, empezaran conflictos entre Tea Time y C-Funk hasta su disolución el 2004, evento que sólo haría más grande la leyenda del cuarteto hasta su reunión el pasado 2011. Dicen que el típico juego de curao a las 5 A.M. es escuchar La Medicina y tomar un sorbo de copete cada vez que se escuche la palabra “funk”, no invito a efectuar tal actividad lúdica, pero le cuento que existe.

Partimos con Planeta, que es partuza todo el rato. El notable y potente bajo del Rulo acompaña unos rasgueos limpios de C-Funk muy marcados de su estilo, influenciado por Nile Rodgers y muy funkero, que después le llevan coros de todos los chiquillos en falsette. El rappeo de Tea Time entra dentro de un rato, pero duro y parejo antes de un break que empieza a meterle distorsión y rock al asunto, con escalas de sintetizador y solos de guitarra, que hacen de previa para que las cosas vuelvan a ser aceleradas al máximo y en el outro apretar el freno. Porcel es lo que sigue, que nos da la bienvenida de entrada con acción de vientos bronces, sintetizadores, teclados y electrónicas y una melodía pentatónica pegada y con distorsión para después cambiar a cosas más limpias pero no por eso menos vacilonas, lo que en el coro se exacerba e invita con su ritmo y voces perfectamente coordinadas a cantar, bailar y mover la cabeza adelante y atrás. Los coros falsetteados tan típicos de la música disco norteamericana vuelven a hacer acto de presencia, esta vez más en su ambiente gracias a las trompetas. El final se deshace en un frenesí de todos los instrumentos, voces y electrónicas posibles hasta la repetición de la intro de forma caótica. Porque siempre será necesario, un tributo en funk al personaje más célebre del comediante y escritor mexicano Roberto Gómez Bolaños es lo que escuchamos en El Chavo, donde escuchamos un bajo notablemente pasado por un auto-wha, acordes menores limpios y rimas chistosas y picarescas, conducen el temas hasta lo siguiente, titulado Vida Funk, una suerte de manifiesto de Los Tetas en torno a su estilo de vida, con un sonido muy cercano al disco predecesor del cuarteto, Mama Funk, variadas rimas cortesía de Tea Time que plasman la visión de mundo y el día a día de C-Funk y compañía entre scratches, bajos con auto-wah y guitarras crujientes y cálidas, que hacia el final se distorsionan y los coros de C-Funk y Rulo le ponen hasta el fin súbito y el inicio de la macabra intro de clavicordio de La Calma, canción bastante hip-hopera, con hartos samples, beats pegadísimos y rappeo de Tea Time a diestra y siniestra. Una malvada línea de bajo va aportando base para la multitud de loops de ruidos, vientos, gritos, entre otros. Harto rap y raggamuffin encontramos en este tema antes de volver al funk puro y duro en La Eternidad, donde la guitarra queda atrás para pasar a los pianos eléctricos haciendo memorables acordes y sintetizadores melodiosos, que marcan camino para armónicas voces en la intro, que luego se ven apagadas al entrar Tea Time con la rima para la gallada. Mucha influencia del hip hop en las líneas de teclado y voces funkeras a más no poder hacen melodías junto al piano en los coros, que hacen cabecear junto con el bajo y la batería, bien pegados y en plan de acid-funk. Después de un repentino cambio de llave, el piano pasa de nuevo al protagonismo, haciendo complejos y fluidos acordes que voces triples acompañan hasta el outro. Los Tetas otra vez en la ciudad con Primavera, otra de las canciones más recordadas por la fanaticada, entra pisando fuerte y con dos notas, nada más. C-Funk y Rulo haciendo magia con los dedos lo llevan todo a la altura necesaria para vacilar, de donde saldrían versos tan recordados como “si el funk mueve tu culo deja decirte que el funk es tuyo” y “Los Tetas otra vez en la ciudad”, que preparan el terreno para el solo de C-Funk en su talkbox para aplicar real expresión al guitarreo, siendo bendecido por el funk. Luego de una sección isntrumental más rockera, los cabros se bajan un poco las revoluciones y mutan de una canción de corte urbana a música más dance, porque todos tienen que bailar el funk bajo el sol. Ya estamos en El Elemento, otra canción bastante hip-hop y acid funk, atmosférica a ratos entre strings, scratches, rapeos paralelos y acordes de piano eléctrico. Cercano el coro, y gracias a la acción del órgano eléctrico, entra en la canción un cariz soul/funk con orgásmicas notas altas y un bajo que parece ser fretless, con un tono grave y exquisito. Contra Viento y Marea viene a sacar la sombriedad del sonido y a poner de vuelta al sujeto oyente de La Medicina en la pista de baile con una consigna de aliento al público objetivo de Los Tetas: que da lo mismo lo que la gente diga, sobre todo si lo hace con malas intenciones, porque son sacoweas, siguiendo contra la adversidad se puede. El tema se tiñe de este optimismo apañador con harta guitarra limpiecita y con flanger, que en ciertos puentes musicales hace gala de armonías duales y acompañamiento de vientos bronces mientras Rulo mantiene una melodía de bajo ascendente y Pepino mantiene impávido sus semicorcheas.

Creo firmemente que Papi… Dónde Está El Funk? no necesita presentación. Una de las canciones más recordadas del cuarteto que ha atravesado generaciones por su letra honesta, su funk sexón bien pegado y, cómo no, su brillantez musical. Bajo con auto-wah bien octava’omierda, el rappeo conjunto de C-Funk y Tea Time, los increíbles coros a-la-disco femeninos, órganos trémulos y guitarras compenetradas con pentatónicas y mucho feeling en cada estiramiento de cuerda adornado con wah-wah. Utilice esta canción como arma de seducción masiva, pero bajo su propio riesgo. Buenos días chiquititas, una intro de trompeta sampleada y la voz de Tea Time dando la alta temperatura dejada por el tema anterior nos indican que lo que escuchamos se titula Santiago, volviendo a los sonidos urbanos de rappeo con sentimiento y a lo metralleta, a ratos, con bajos altamente sintetizados, samples y múltiples percusiones, electrónicas y orgánicas. Harta rima contestataria y diciendo verdades a lengua suelta, como un charchazo de honestidad. En la línea de Santiago, seguimos con Bola Disco, igual de urbano pero más bailable y electrónico que su antecesor, con acción de scratch cortesía de Tea Time, y una progresión de acordes típica de la música disco reinterpretada de forma magistral por el cuarteto. La densidad instrumental del tema se va apreciando cada tanto, debido a la plasticidad de los sonidos e instrumentos, dejando cada tanto a Tea Time rappeando solo junto a la base de percusión. Rulo, haciendo gala de groove con su bajo sintetizado y sus melodías creativas, va armando el tema con la compañía y el sabor inconfundible de pianos, voces de apoyo, harta percusión foránea e incluso patrones rítmicos de bossa nova. Colón es otro tema vacilón pero más rockeado y sucio, con rimas de Tea Time y C-Funk acusando a la esclavista y genocida intervención española en el “descubrimiento” de América por su inhumana y sangrienta gestión en nuestro continente y apelando a la unidad latinoamericana, con melodías duales de guitarra/sintetizador y potentes bajos, instrumentación que alcanzará su momento de mayor esplendor y funkeo pulento finalizada la estrofa de Tea Time, con un bitchin’ bass de aquellos, coros femeninos sampleados bajo la tornamesa de Tea Time y la acción dual de C-Funk en guitarras y teclados haciendo de previa para una melodía pentatónica que conduciría todo haca el final. ¿Qué es el funk? James Brown es funk, y también el siguiente tema, donde, pagando el tributo al cantante de soul/funk más importante me atrevo a decir de la historia, se atreven con notas un poco más disonantes y con bronces muteados, dándole un tono más latinoamericano a los vientos. Bajos bastante protagonistas, flanger y wah en la guitarra, hi-hat fuerte y abierto y pentatónicas aquí y allá va armando el tema de a poquito hasta llegar al coro, donde las voces se toman el primer plano. Sampleando la voz del maestro en su éxito Sex Machine, y repitiendo el coro hasta ponerse el sol, llegamos al cúlmine de este clásico noventero con el tema homónimo, La Medicina. Le lleva hartas cosas: rima lenta y pu-lenta, guitarras limpiecitas y wahwah-adas, melodías de un sonido muy bizarro salido del teclado, voces femeninas semiangelicales en el estribillo, la canción va creciendo despacio hasta despertar y meterle distorsión y WROK hacia el final, para finalizar con un outro soul y jazzero, por momentos.

Uno de los clásicos de nuestra música nacional post-dictadura borrachera militar, de jóvenes que lo vivieron y que no distan mucho de la juventud nacional hoy en día, respondiendo a gustos, aficiones, problemáticas y contextos bastante similares. Algo digno de mostrarle a los hijos, escuchar con los papás y vacilar con los abuelos.

Diego Herrera

adorniano