The Weeknd – Kiss Land (2013)

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La obertura creada por Abel Tesfaye y Frank Ocean al prosaico y candente mundo del R&B marcó un precedente, dejando en lo confuso, lo tormentoso y torrencial, esas noches de amor a rienda suelta, cargadas a la pasión. En el mundo de ambos artistas nada se tiene claro, siempre refiriendo sus verdades en metáforas y pistas, donde además el campo sonoro sirve como muro de los lamentos.

Sus discos sirven de rompecabezas, que se van uniendo a la abrasiva idea de que vivir el amor es un estado complejo. En este caso las sensibilidades se abordan en la práctica, mediante los samplers, los cuales van bien cargados en atmósferas al downtempo y al bassline más denso. Antes todo sonaba a R. Kelly, Usher y Dwele, quienes drenan el deseo sexual explícitamente, siempre con su “sex appeal de casamentero” como protagonista, factor viable para llevarte a apagar luz y ponerle bueno. En ese entonces, todo se conducía por una pista fácil.

Difícil la tiene Abel en su vida como The Weeknd, tras el lanzamiento de la tripleta de mixtapes que se esparcieron en nombres como “House of Ballons”, “Thursday” y “Echoes of Silence” y luego salieron al mainstream como la caja recopilatoria “Trilogy”. Ya no era un artista misterioso, con portadas que cargaban a la sensación de pasarse una noche de juerga, envuelta por la neblina del cigarro, con una cama desecha, y llena de fluidos; Kiss Land debía ser un nuevo estado o una nueva presencia de donde pudiese no ser esclavo de su propio concepto, y poder crear una atmósfera que cargara con un expositor de mayor fuerza y creatividad. La irrupción de su persona era elevado por un protagonista que dictaba de contador de historias difíciles de soportar.

Kiss Land nos ofrece una secuela casi espiritual de “House Of Ballons”, con una carga menos lasciva y más inclinada al protagonismo de su calidad interpretativa como trovador. Los cimientos ahora le dan incluso hasta al disco-pop, solventado en canciones como “Professional”, “Wanderlust” y “Odd Look”; otras al sello original de su vida como “The Town”, y la infalible fórmula exitosa con Drake en “Live For”. Otros matices se viven  con la industrial “Adaptation” y la polémica “Belong The World”, donde se exhibe una mayor perpretación de su voz, a diferencia de los elementos como productor sonoro que lo hacen brillar.

Se extraña en demasía esa sensación de resaca de sus trabajos anteriores, ese camino no claro y que te atormentaba de dudas e inseguridades. Ese sabor agridulce de querer vivir en lo tenebroso y evocador de involucrarte con alguien; donde pides amor, hasta pagando el precio de la pelea y el odio; sentir por querer sentir. Y por acá va su drama : Tesfaye vive recluído en su vida de personaje dual, el cual en un futuro no lo dejará seguir creciendo. Está bien Abel, tu música nos envuelve, pero queremos verte elevando la dimensión de tu creatividad; esa que convirtió a Drake en un rapero no tan vanal.