Tomás Pérez – Lavado de Cerebro (2013): vamos para el otro lado? + CONCURSO

img

602028_10151505241310279_1933782820_n

Cuando te dicen “disco solista de un guitarrista” es algo que se ha ido haciendo cada vez más genérico a lo largo de los años. Atletas de la guitarra tocando escalas mayores, menores, disminuidas y pentatónicas a 300 bpm y con una distorsión de la puta madre. Y una canción de country, pero en la misma onda. Deslumbrar por la destreza y por cómo las piezas responden a los cánones establecidos. Algo que es bacán es cuando un disco solista de guitarrista no se queda en eso (y mucho mejor cuando nada de eso pasa), enriquece nuestra alma corrompida por el conformismo musical y dejamos atrás el positivismo de asombrarnos porque un weón mueve rápido los dedos.

Peeeeeeero esa no es nuestra situación al encontrarnos en el camino con Lavado de Cerebro, el disco solista del guitarrista de la banda nacional Cacho e CabraTomás Pérez, que se pasa los cánones por donde no le llega el sol y nos entrega una montaña rusa de distintos ritmos y sonidos extraños y cagaos del mate metidos a una juguera con las cuchillas ligeras y servidos no tan batidos en un vaso de whisky. Ritmos fuertes y distorsionados, trabajo electrónico de relojería y fogatismo es lo que hayamos detrás de estos nueve tracks que se abren paso por las redes sociales de Chile y arround de guorlds y que cuentan con la notable participación de J. Nacho Almarza en los tarros.

Parte el disco con ligas mayores. Esto se llama Baila Chinchilla, un rock electrónico con melodías de sintetizadores fuertes y casi juguetonas, donde las baterías están ecualizadas de forma que no puedas no prestar atención al ritmo de la canción, dinámico y desafiante. Las guitarras fuzzeadas la medida precisa para no opacar a los distorsionados sintes dan entrada al invitado taquilla del disco, el músico sueco Mattias IA Eklundh, otro amante del ruido que aprovechó de trabajarar con el nacional y que se matricula con su sello y sonido personal en la canción mandándose un solo de esos que sabes que es Mattias quien lo toca. Luego vendrán momentos de calma antes de que el solo de Tomás y su Whammy hagan de las suyas hasta el final de la canción, donde recomiendo a los sensibles de oído cambiar al siguiente tema al toque. Lo que sigue es Don Brócoli, canción en donde participa este mismo personaje, Don Brócoli.  Otra canción donde los sintetizadores y la electrónica toma de rehén al protagonismo y a las melodías principales mediante tremoleadas notas de sinte y guitarras pasadas por el Whammy y octavadas por mil sobre un esqueleto rockero que hace mover la cabeza algo muy fácil. Pasamos rápidamente a El Llamado, una canción atmosférica electrónica-folklórica, donde loops, guitarras acústicas y melodías suaves son capaces de hacer avanzar una canción que, con falta de creatividad, probablemente no sería más duradera de dos minutos. Dejamos la suavidad de lado cuando ya nos encontramos en Primate del Siglo XXI, el izquierdazo en la mandíbula del disco. Baterías como metralletas y guitarras distorsionadas haciendo riffs en destiempos muy a-la-Meshuggah son la pista detrás de infinidad de ruidos fugaces y rápidos como mosquitos. En la mitad de la canción son las guitarras rifferas las que toman el protagonismo para que luego un solo cromático ocupe el espacio de forma violenta, hasta el outro, donde la intro es imitada con blast-beats de fondo.  Mitad del disco, amigos míos, el track nº5 es Número 73635169, otra pieza atmosférica, pero de un cariz mucho más malvado, donde los ruidos casi industriales y ensordecedores a ratos, como si nos encontráramos en una oscura y lúgubre fábrica, llena de retumbantes sonidos y esclavizados trabajadores esperando el término de la jornada para volver a su casa y evitar la locura que provoca el lugar.

Musculus Máximus es una weá muy stoner, con harto fuzz, medio lento y con muchas reminiscencias a los grandes Queens Of The Stone Age, pero con un sonido más crudo y cochino, con grandes acentos en las notas fuertes, harta pentatónica entre medio. Lo que sigue se pone un poco más psycho con Refalín, una canción de tipo cercano al circus metal, ese género que se desarrollaría por los ’90 de manera muy underground y que se ve cristalizado en esta canción, con una intro de teclado de circo, harta guitarra distorsionada y crujiente y una melodía pasada por un phaser preciso. Solos atonales nos inundan desde la mitad de la canción hacia adelante, haciéndolo todo más inquietante que hace un par de segundos, hasta un corte abrupto, donde inmediatamente empiezan a sonar niños jugando a través de un phaser y un riff que entra hasta el final de la canción. Lo que viene no sé cómo describirlo. Se llama Es Tan Mediocre Que Es Hermoso, y lo es, pero de verdad no sé cómo definirlo, escúchelo mejor. Y así, querubines, llegamos al último tema, En La Mecedora, una canción acústica con muy bonitas y tranquis melodías, plagada de matices y tonalidades muy buenas, sin duda que una gran pieza para calmar los ánimos después del frenesí de disco que hemos escuchado.

Dónde encontrar esta papita? Manténgase informado de este artista nacional en su página oficial de FB y escuche su disco en su soundcloud oficial. Disco físico? Más abajito le contamos.

ALARMA DE TALADRUS

MENTIRA, ALARMA DE CONCURSO

Usted, querid- lector(a), se puede ganar una de las dos copias que LOUD.cl estaremos regalando de este bacán disco, cortesía del mismo Tomás Pérez para con nuestro humilde medio. Qué tiene que hacer usted? Fácil, comente aquí abajito con su mail y su nombre con el enunciado “soy mediocre, hermos- y quiero un Lavado de Cerebro”, así tal cual. Su escritor hipster favorito se pondrá en contacto con usted para su entrega y todos contentos.

Comments are closed.