Spring Breakers (2012): Violencia por el pop

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La inmensidad de los “teens fans de Selena Gómez” en nuestro país no fueron razón suficiente para tener una película de Harmony Korine en el cine; más aun pensando en el poder que doblega este director, experto en percibir sensaciones o sucesos en distintas ópticas, como lo han hecho en su momento “Greg Araki con The Doom Generation” o “Terry Zwigoff con Ghost World”.

Korine  es capaz de crear universos completos, permitiéndose desarrollar historias a niveles excesivamente personales, donde queda solamente la opción de contemplar y dejar que te cuenten la historia. Con una facilidad única puede dibujar cada idea de su mente, con momentos perturbadores como lo fueron Gummo o Trash Humpers, donde la última Spring Breakers hace expertis de su rutina, pero en claves más simples, quitando la neblina del camino. Ahora la porción de cuatro protagonistas no elegidas al azar, calzan en relatar el retrato de la juventud actual. Acá hay nihilismo, adicción, violencia y un quiebre catártico del destino, siempre en la estructura de lo simple.

La violencia traducida  y gráfica para todos

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Que Selena Gomez o la chica de High School Musical estén pintadas en este viaje por la supremacía, la negación y los places de la vida, no está en duda. Mediante las imágenes de ambas artistas, sumada la participación de la rica Ashley Benson y Rachel Korine, desfila la historia de cuatro estudiantes que desean doblegar su paso por la vida, dando juerga a los placeres de la vida en la playa, con fiestas all night long y la pócima del dinero fácil tras asaltar locales. Dentro de su juerga las pillan, salen bajo fianza tras un James Franco calcado a Riff Raff , que las utiliza con intenciones criminales.

Korine se vio cuestionado por los recursos utilizados en esta cinta, culpando su facilismo al mainstream para acaparar la atención que antes no tuvo. El director refiere a su quinta cinta, como otra visión personal, encausada por una época donde el internet lo revela todo y no deja dudas o falta de comunicación, como lo eran hace 20 años atrás. Los recursos pop tejen una amplitud enorme, donde a pesar de los momentos superficiales de alcohol, lo Skrillex, el EDM, las armas y todo un charco de clichés gangsteriles, cobran sentido en la cohabitación de la transgresión, ahorcando los margenes del pop dentro de sus propias paredes. El vacío llena espacios, dejando sin rellenos otros, lo que se vislumbra en la desorientación de nuestras anti-héroes, que solo viven del instinto por querer seguir viviendo en la supremacía del más fuerte.

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Muchos cargaban con la expectativa de ver swingers; Ashley Benson tirando con Selena Gómez; Fiestas al estilo Holy Ship/Misteryland o James Franco en crack jalándose a lo que pase. Eso, ni lo otro y nada sucede en este film. El tráiler y los adelantos percibían un aire Blaxplotation, una aventura media tarantinesca o quizás una versión menos pusilánime de Project X. A diferencia de esta última en honor a su defensa, desafía y puntea sus limites, atreviéndose con cargar el ánimo de la desilusión por todo.

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