Cowboy Bebop: el animé que (probablemente) lo tiene todo

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No es que Cowboy Bebop sea un animé que de verdad lo tenga todo; pero sí tiene caleta de elementos a los que hay que prestarle atención y hacen que sea una pieza audiovisual bastante rica y toda una opción a la hora de destinar las horas libres de nuestra vida inserta este mundo postmoderno que nos roba hasta nuestro tiempo de esparcimiento, razones que serán enumeradas a continuación.

A modo de inicio, le explico: Cowboy Bebop es una serie de animé de 1998 descrita como “space western“. Se trata de un futuro no muy lejano a nuestra sociedad donde el hombre ha podido colonizar el Sistema Solar, sus planetas y satélites. Un cambio en el rumbo de los sistemas económico y tecnológico no se aprecia: la tecnología avanza a un ritmo esperable: hay naves que vuelan más rápido que la chucha, pero se usan portales de transportación para distancias largas, los VHS son una antigüedad, pero las armas de fuego siguen siendo como las nuestras. El sistema económico sigue siendo neoliberal, de hecho, lo principal de la serie es la privatización de la caza de criminales: las fuerzas policiales son encargadas de recibir y encarcelar a los delincuentes, mientras éstos son capturados por cazarrecompensas privados, quienes recorren el espacio en sus naves por las recompensas en Woolongs (moneda espacial) que se entregan por capturar weones malos.

Los protagonistas son Jet Black, ex-policía con un dramón de amor que se aborda en la serie, y Spike Spiegel, ex-miembro de una organización criminal a lo yakuza terrible brígida (pasado que pena a Spike hasta el final de la serie y con un montón de dramones amorosos y de amistad); ambos tripulantes de la nave “Bebop”, que recorre el espacio buscando criminales para entregarlos a la ISSP (la policía espacial). En el transcurso de la serie se les suman Faye Valentine, una mina picá a chora que guarda un pasado en relación a nuestros tiempos que no puede recordar; Ed, joven de 13 años de identidad sexual ambigua, explosiva hiperactividad y brillante hacker; y Ein, un perrito.

Primero: hablar de la banda sonora. A Yoko Kanno yo creo que le dijeron “space western” y al toque se le ocurrió: blues del delta, bebop eléctrico de los ’40 y jazz. Sin embargo, la música occidental, al igual que la filosofía, no es algo que los japoneses tomen y reproduzcan. Porque ellos leen a “nuestros” filósofos y escuchan “nuestra” música, pero no les compran todo el cuento al tiro. Y eso se nota en esta banda sonora, que es una reinterpretación del jazz, blues y bebop occidental de toda una tradición oriental, sin duda un fenómeno de sincretismo cultural espontáneo que sería interesante estudiar en más profundidad.

Segundo: las escenas de violencia. No es Midori, La Niña de las Camelias, pero las peleas de esta serie son bacanes. Teniendo una pre-concepción de lo extraño que puede ser presenciar una pelea animada con un track de jazz como música de ambiente, sin embargo, es un prejuicio: las peleas junto al jazz las hacen fluir de una manera casi indescriptible. Además, las formas de pelear en el universo de Cowboy Bebop son básicamente las mismas (no estoy contando las batallas con naves y esas cosas): batalla cuerpo a cuerpo y armas de fuego, lo que le da esa familiaridad a las peleas: aún no son tiempos donde apretando un botón matas a otra persona, hay que ponerle cuerpo. Una serie de la cual perfectamente podría haber formado parte del staff Quentin Tarantino.

Tercero: el humor. No es una serie culiá rancia de mala muerte: hay lugar para situaciones irrisorias (yo mismo, que soy un amargado culiao, me reí fuerte en unas cuantas ocasiones), lo que hace que igual uno se encariñe con ciertas personalidades o actitudes de los personajes (o con los personajes mismos, le dan eso de humanidad).

Cuarto: la crítica social que se manda en los últimos capítulos. No les voy a dar duro con el spoileo, pero en los últimos capítulos las críticas al sistema actual (que no dista mucho del de Cowboy Bebop), sobre todo dirigidas hacia la religión, las comunicaciones (sobre todo la televisión), al terrorismo y al capitalismo, se dejan sentir explícita pero someramente, invitando al receptor a informarse y de verdad poder opinar.

Quinto: el pasado de los personajes. [SPOILER ALERT DESDE AQUÍ] Esto debe ser el fuerte de toda la serie. Cada protagonista de la serie tiene un pasado que lo determina, pero que aún no ha lidiado adecuadamente con eso y debe tomar decisiones que arreglen eso, para bien o para mal. En pocas palabras: hay que saldar cuentas con lo pasado. Faye tiene lo suyo, ya que no guarda recuerdos de su pasado, por lo que deberá indagar desde cero quién es, de dónde viene, y hacia donde va Faye Valentine. De Ed nada se sabe, y ella tampoco está muy interesada en saldarlo, lo que hará que su resolución sea y parezca muy natural. Jet tiene dos implicancias fuertes en su vida: su trabajo como policía (del cual se ha retirado) y un amor pasado, el cual aún tiene el corazón dolido de nuestro cazarrecompensas. Spike, el indiscutido protagonista principal, tiene el pasado que probablemente más duela: un ex-miembro del Sindicato de Crimen Dragón Rojo, del cual tuvo que zafar fingiendo su muerte y de donde floreció un amor asediado por la violencia.

Eso a grandes rasgos. Si no la ha visto, búsquela y véala, el internet es grande y bondadoso. Si ya la ha visto y quiere comentar algo, desahóguese aquí abajito. Gracias por su atención. bang.