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¿Qué tanto pasó con J Dilla en estos últimos años? Una síntesis de su obra

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Cada vez es más fuerte escuchar el nombre de James Dewitt Yancey en la palestra de las leyendas del hip hop. Fue un fenómeno en vida, y extrañamente se convirtió en un fenómeno post mortem. La falta de creatividad no fue un hincapié en su vida, pero sí fue el Lupus el parón en la confección de tantos beats. Compartió mérito en la construcción histórica de samplers, junto a otros como lo son Q Tip, Pete Rock, Dj Premiere, Hi-Tek, Nottz, Madlib, Waajed y Large Professor entre otros;  Les forjó un piso para lucirse a Busta Rhymes, Kanye west, A Tribed Called Quest, Common, The Pharacyde; no tuvo reparos en experimentar sensaciones con otros productores, forjando con Madlib ese excelente “Champion Sound” pegote a morir; y fundamentalmente dejó un legado: El primer disco de Slum Village, obra de culto en el Ghetto y Welcome 2 Detroit, disco que instauró atención sobre un trabajo íntegramente instrumental.  En síntesis, la definición de J Dilla parte por referirse a la búsqueda elaborativa por amor.

Un repaso fugaz por su historia

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Nació el 7 de Febrero del 74, oriundo de Detroit y el segundo de cuatros hermanos. Adquirió sus gustos musicales a través de sus padres; Su madre fue cantante de Ópera y el padre bajista de Jazz. Un autodidacta de principios de conciencia, motivado desde el encontrón con el multi-instrumentalista “Amp Fiddler” por ahí en el 1992, cruce que lo motivó a formar con Phat Kat el “1st Down”.

Sus conocimientos lo llevaron al aprendizaje en la batería, piano y el cello, principios influidos en los arreglos impresos en sus configuraciones rítmicas. Junto a la ayuda de la MPC 3000, cimentaron todos los beats característicos, esos que llevaron el mérito de tener los créditos inscritos a la misma talla de sus producidos. Pocos se conocen por quién creó y no por quién ejecuto finalmente en esto de la música. En esto del rap hay mucho detrás y que su entereza en darle vida a su cerebro y forjarlo en cada pista, es algo invaluable.

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Debutó con “Fan-Tas-Tic (Vol. 1) en formato crew con “Slum Village”, una mixtape distribuida del boca en boca en pequeños recitales, congregada de toda esa onda jazzística, de beats melódicos y calmados, en contraste de la agresividad existente por parte del G-Funk y toda la era Gangster de Notorious Big, Kurupt, Warren G, 2Pac, Mobb Deep y Bone thugs n’ Harmony. Seguía la línea de Pete Rock con sus CL Smooth, la de Guru de los Gangstarr y definitivamente la de Q-Tip con A Tribed Called Quest, fuente bebestible en su definición, y molestosamente comparados por la prensa. Con estos formaría parte del colectivo “The Ummah” y destinaría parte de su gran desgustación al disco  “Beats, Rhymes And Life”.

En 2001 se lanzó su primer instrumental “Welcome 2 Detroit”, eje insigne en toda su carrera y culpable de estar hablando del “Sonido Detroit”. Referirse a esa ciudad, era valorar y recordar sus cualidades. Después se dispuso a grabar el único trabajado en dueto con Madlib “Champion Sound”, despojando el mayor virtuosismo con tracks como “Noswadayz”, The Red, Reac y L.A. Detroit e invitando a Talib Kweli o al alter de Madlib “Quasimoto” a ensañarse a los beats-abstractos de ambos constructores. No es de extrañarse en el futuro, la implosión del sonido de Flying Lotus, tomándose como génesis esta fusión.

No era de extrañarse a las alturas del nuevo siglo, la invasión de la esencia “Dilla” en la black music, ya habiendo a una gran parte del Black Music (Erykah Badu, D’Angelo, Janet Jackson) y delimitando rasgos concretos en el valor de sus samples. Gracias a él, se acentuó el hallazgo de sacarle el jugo provechoso al mínimo detalle posible, por muy minúsculo que fuese. No era inesperado visualizar en su vocabulario estilos como el Soul Funk, Post Punk, Synth Pop. Se trataba de un libro de conocimiento público, capaz de sintetizar transversalmente a Kraftwerk y De La Soul; era capaz de convertir todas las lenguas posibles en un único entendimiento para todos.

El resultado de tamaña experimentación se llamaría “Donuts”, una radiografía perfecta en describir al beatmaker en fases; el relevo oficial de remplazar notas simples por instrumentalización electrónica. Acordarse de Donuts, es caracterizar basslines sintéticos, atmósferas de esoterismo, evocar prismasclaros y muy oscuros, pero por sobre todo, subrayar a J Dilla como un merecido esforzado/amante de la música y un oportunista de la caja/bombo, beneficio de la alegría para sus producidos, quienes  gozaron del beneficio al extremo.

Su legado

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A estas alturas sus adjetivos calificativos son difíciles de comparar. Quizás Nujabes pueda paralelamente gozar de atributos similares, a punta de sus acuosos, pacíficos y connotados ritmos de oriente antiguo. Con Flying Lotus es evidente, llevando todo un legado inicial sobre la abstracción en “Los Angeles”, que con el tiempo ha logrado destacarse. Ya en el futuro, podría arrojar nombres al azar: Ta-Ku, Onra, Flume, Tokimonsta y etc.

En definitiva…

Independiente del cargo musical que sí importó en su vasta vida, J Dilla impactó por su nivel obsesivo de trabajo . Él le daba más amor incondicional al ritmo, motor fundamental en su fuente inagotable de ideas. Eso sí, me parece bastante egoísta tildarlo de mártir musical o genio revolucionario en cuanto a géneros musicales. J Dilla fue capo por su “capacidad única” y trascendió cualquier libertad creativa. Yo no me acordaría precisamente por un género, sino por su ineludible textura del beat, que era capaz de condenar a cualquier voz posible, en el tono de su propio mundo.

Cristian Poblete

I'm Danny Brown and Ryan Gosling. Primer Hokage en pueblo ruidoso