Tyler, the Creator Wolf
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Tyler, The Creator – Wolf (2013)

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Lastres han pasado desde la época en que el Odd Future pirateados y comandados por aquel irreverente, insano y loco Tyler, The Creator, erigían su inquietud sonora en mixtapes subidos a tumblr, o llamaban la atención en la confección de fanzines. Ahora tienen un programa en Adult Swim, todos sus miembros han ganado notoriedad con sus propios discos: Desde The Internet, Mellowhype, pasando por las caras de mayor éxito como lo son Earl Sweatshirt y Frank Ocean, y es más, llenaron a todo el mundo con esa mirada casi satánica, oscura y cruda en base de sus locuras.

Simplificando la mirada del grupo, es en Tyler donde repercute el bombo. Desde el tirado de las mechas “Bastard”, el aclamado y álgido “Goblin”, que el rapper ha sabido influenciar a su alrededor más cercano e inclusive, a todo ese circuito rap desgastado y casi cómico de tanta influencia de rap sureño a lo Gucci Mane o Wacka Flocka. El tan sólo quería parafrasear su visión en plan de ser el mejor Pharell Williams… ¿Y qué resultó? Termino trabajando con él y para él. Con todos estos antecedentes, Wolf no iba a ser lo mismo de antes, simplemente por el hecho de tener a todo el mundo dispuesto de atención a su persona. The Creator, ahora está en juego de jugar a lo que quiera y con quien quiera.

Este regreso se demoró, producto de un mea culpa del mismo artista, declarando a viva voz que sus limitaciones líricas estaban ya en jaque. Extraño suena por quien se hizo popular tras su actitud corrosiva y bien punk, hablando de violaciones con bases bien bañadas en codeína. Viéndolo por el otro lado, la producción de este nuevo “Wolf” recae desproporcionalmente en los sonidos, siendo los samplers el caballito de batalla. Las texturas tienen un papel principal, respirándose en un reflector de tranquilidad, el cual deja de sonar callejero, por un cambio embarcado en jazz cósmico, mirando al lado de Flying Lotus o  Thundercat.

Si tuviésemos que buscar una clave que encierre toda la vista del nuevo álbum, se simplificaría en “La ambición”. Con invitados de la talla de Erykah Badu, Pharell Williams, Dave Matthews Band, Trash Talk y Laetitia Sadier, no podía resultar menos. Su primera gracia es saber mover a sus invitados en el momento correcto; La segunda es circundar los beats en cambios graduales, tan así como una canción psicodélica; y tercero en ser dueño de lo que quiere plantear. ¿Pruebas? “Answer” “48” y “Love Jornada” tienen un hilo de progresión, orientados en acordes poco usuales en arpegios; PartyIsntOver / Campfire / Bimmer” se transforma en la experimentación de la experimentación, mostrando una canción en 2 secuelas, inspirados en galaxia, pop y amor; “IFHY”, es un tributo a The Neptunes en sus mejores tiempos, remozado y estilizado, la cual se transforma en el sinónimo de su ambición. El álbum en su conjunto funciona en un tornado; en una progresión de menos a más, que encuentra su cúspide y te hace olvidar un poco al Tyler de antaño.

Quienes quieran escuchar al Tyler desordenado, grosero y transgresor, aún están sus dos primeros discos. Su facilón abunda en su visión personal y su convicción de seguir siendo una rareza en el universo rap; ese en el que aún Drake sigue sonando más a Lil Wayne y Rick Ross pretende engañarnos de que es “The King”, sin olvidarnos de su pasado de guardia. A veces la inquietud y la transgresión son introspectivos y van a acorde de sus ambiciones e intereses. Tyler, cumpliste aquel propósito.


Cristian Poblete

I'm Danny Brown and Ryan Gosling. Primer Hokage en pueblo ruidoso