James Blake – Overgrown (2013)

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Camino y agua bajo el puente ha pasado desde el homónimo, disco que lo pintó en un híbrido del Soul o R&B más triste, vaporoso y misterioso, a revitalizar los sonidos del Bass y el UK Garage en un plano evolutivo. Blake supo tomar elementos y condensarlos con su voz, claves fundamentales a la hora de su éxito, que lo mantuvo de gira mundial; nominado al Mercury Prize que perdió ante PJ Harvey; lo mantuvo experimentando en canciones con Bon Iver y sus apariciones con su alter ego Harmonimix.

¿Qué se podía esperar ante un remezón sonoro? ¿Cómo poder reinventar códigos que tú inventaste en tan poco tiempo? ¿Sería fácil quebrar las reglas impuestas por tu persona? El margen y las respuestas de James se disiparon en describir su relación amorosa de 2 años, siendo los relatos personales y sinceros, su toque. En cuanto al material de producción, el cantautor se preocupó de cada detalle, salvo con Digital Lion en donde con Brian Eno estuvieron en su casa intercambiando ideas y  escuchando discos por días. La génesis fue no perder el rumbo de lo autodidacta.

James ya dejó de ser ese artista confuso para la prensa, con aquella obsesión de relatarlo como el salvador del Dubstep, levantándolo hacia una nueva “Era-Post”. Si bien bebe del bassline, pero también suena a IDM, Ambient, Soul y Jazz. Él fue capaz de darle tonalidad, color e intriga a su sonido, virtud que le permite escarbar en el amor, el odio, la falsedad y la confusión. El nuevo Overgrown sigue en esa senda, pero en un sentimiento más alto, de mayor franqueza y mejor nivel.

Las bases del sonido de Overgrown se construyen en el escarbo de hallazgos; en una fachada antigua remodelada y pintada de nuevos colores; como si los mejores mundos del soul y UK Garage se abrazaran de un re-encuentro de años atrás. Aunque sea tedioso hablar de Post-Modernidad, el background en que se mueve el disco se sobresale hacia un nuevo campo; a algo parecido de años anteriores, pero que solamente te lo recuerda levemente. James borró el pizarrón y se puso a escribir nuevas fórmulas. Pruebas concretas se centran en “Take A Fall for me” con RZA, en donde el jefe de los Wu habla sobre la necesidad de manejar los deseos; “Digital Lion” es hipnótica y se mueve en forma de marejada entre lo minimal y lo tribal; “DLM” abunda el registro esencial de James en adornar su voz aguda con piano; “I Am Sold” parece la hermana pérdida de la fase Trip Hop de Tricky; “Voyeur” nace miedosa, para transformarse en una capa producida entre Mount Kimbie y Digital Mystikz. Mención honrosa para el bonus “Every Day I Ran”, sampleado de una canción de Big Boi que lleva al rap a un nuevo piso.

¿Qué se puede sacar de este disco? Más que demostrar sus carencias y cómo enfrentarlas en un nuevo disco, su misión se centró en demostrar su madurez integralmente. Ya dejó de ser ese niño llorón que te hacía oscilar entre la alegría y la pena con su primer álbum. Sin querer exagerar, pero este disco no sólo será tentado para coronarse en las listas del año, sino que se verá en un álbum recordado por toda la vida; transcendental de la vida a morir. James, gracias.


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