[Crítica] Post-Mortem

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Como un suceso tan grande puede coartar mil acciones pequeñas. Una granada estalla, en un día cualquiera y logra alterar la sinergia inmersa en la que nos encontramos. Desde un día feliz, tomando once o simplemente realizando lo cotidiano, un efecto como lo fue “El Golpe Militar del 73”, desgarró a nuestro país. El director, Pablo Larraín desde su prisma, pone énfasis en  ese evento, en como una cicatriz  que a ratos molesta y físicamente aún tiene su huella; tal cual operación de apéndice. El eje intencionador recae en el personaje de Mario,  la visión particular que nos permite movernos.

Alfredo Castro protagoniza esta cinta al igual que en la película anterior del mismo director, Tony Manero, pero esta vez recae en el papel de Mario, un funcionario que se encarga de anotar los exámenes de autopsia del doctor (Jaime Vadel), quien paralelamente en su vida cotidiana se enamora de su vecina Nancy, una bailarina de Bim Bam Bum. Entre cortejos y deseos, descubre que en su casa existe un comando de hermanos comunistas, lo cual gatillará imperantemente el día D; cuando vea en la casa de al frente un atentado contra su familia. Proveniente de la tragedia, la vida de Mario se dificulta, las muertes se desencadenan en pandemia y su vida definitivamente no será la misma.

Mérito para la dirección de arte, que calca y da la impresión de estar en esa época. El manejo de la cámara, representa la actitud silenciosa, introvertida y a ratos agónica del protagonista; su aspecto visual complementa esta situación, dotándolo como si fuera un zombie sigiloso (como otros personajes anteriores de Larraín). El contexto merma en cómo se mueve el personaje. La historia no pretende contarnos como fue el régimen militar, sino da a entender ciertos aires de revuelta, antes del ocaso. Se respiraba la tragedia. Comparándola con Tony manero, bebe el karma de ella, eso sí, su diferencia radica en lo apaciguado del personaje y en cómo dos personas con características distintas enfrentan el foco; Manero era un esquizoide y Mario es un apaciguable hombre.

Lo ralentizado de sus escenas, la visualización a escenas muertas y la sensación que se respira a muerte, puede sacarte de concentración. No obstante esta película no quiere gustar a todo el mundo, porqué más allá de su narrativa, esos detalles minúsculos, lo que se quiere acá es contar una historia, da lo mismo cómo, el punto es que este bien contada. Su entorno, sus personajes y el ambiente respiran de vació, del cual se transmite a uno, al salir de la sala.

8.2 de 10

  • Roma Alarcon

    vi esta pelicula, y aunque soy muy pequeña y no estuve en esa epoca, la pelicula sinceramente me llego. bien puesta la nota.
    hay veces en que la pelicula se ralentiza pero es necesario para entender la psique de los personajes.
    buena critica.
    “thump up”