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David Bowie – The Next Day (2013): Enseñando a los clásicos a regresar en buena forma

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Ser David Bowie tiene sus grandes ventajas a diferencia de otros artistas de antaño en la actualidad. Sobre todo en un mundo holgado de revivals; usanzas descaradas de fórmulas con éxito y en una realidad creciente de artistas que insisten en usar la palabra innovación en donde no la hay. El duque blanco no tiene antecedentes discográficos desde el regular “Reality” del 2003, por lo cual los ánimos de tener una nueva producción de él, sumado los factores anteriores, elevan los ánimos y las ansias casi al infinito.

¿Por qué tanta alabanza y espera? El hombre no habrá descubierto el Glam, pero con su teatralidad y visión lo hizo parte suya; supo salir airoso y renovarse con el pasar de los años y seguir tan fresco en cada propuesta expuesta. La versatilidad con la que ataca y la seguridad de moverse en la experimentación en cada cosa que hace, mantuvo encantados tanto a abuelos, padres, tíos e hijos. Y realmente, subsistir por tantos años y aún seguir hablando de él, es sinónimo de visión de calidad.

Fue dueño del glam, del rock and roll, dek art, de los beats de la era new wave, del folk e incluso hasta formó parte de la nueva camada experimental; codeándose con Massive Attack y Trent Reznor de Nine Inch Nails. Pero no todo es rosa, también hubo bajas. No recuerdo un disco transcendental como lo fuese “Heroes”, “Low”, “Lodger” o el carismático The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars. Usando su sombra e impacto, desde los 80’s Ziggy supo estar donde debía estar, pero sin ser rupturista y así se extendió hasta el resto de los días, siempre teniendo las miradas de todos, pero sin romperlas.

En contra más que a favor se encontraba el anuncio de “The Next Day”, ante no tener una idea sobre sí Bowie estaba en práctica de poder realizar un discazo. Y esto no solamente le sucede a él, sino a cualquier artista de rock que regresa y por lo general, tienden a dar más pena que alegría; más pérdida que ganancia; y más incertidumbre que grandeza. ¿Es posible con tanto juego en el cuerpo aún poder entregarnos algo saboreable y dulce? De aquí parte todo.

Escuchar el nuevo disco de 14 canciones, resulta un agrado y un calentamiento que termina en la buena elongación de un capo. David sabe que un descubrimiento de algo nuevo no lo hará a estas alturas (la frivolidad la colgó en su closet), pero sí brota nuevos recuerdos en base de los viejos. La nueva producción da la sensación de oler aires de testamento, confrontar su vida en canciones y exprimir todas las caretas del artista en un disco fresco, sensato y virtuoso dentro de su propio mundo. Esa misma sensación daba el primer adelanto “The Next Day”, un grosso modo que ordena su vida y no la catapulta; Where Are We Now? Le da respiro a sus dotes como músico; Dirty Boy, Heat  y The Stars (Are Out Tonight) patean ese bastón de viejo y le dan pro actividad a ese espíritu joven que Bowie impregna siempre, ese ímpetu de hablar de su experimentación como música visionaria, actual y viva en cualquier época.

The Next Day se mueve como ejercicio y remember de todas las épocas de David Bowie, desde Heroes, pasando por China Girl y los toques experimentales de I’m afraid of americans. Tiene ciertos tropezones a ratos, pero siempre tapados con un disco de orden estratégico, que viene de bajada a subidones, levantando y nutriendo de caras largas a álgidas. Bowie cumple mejor de lo esperado, y así lo han hecho Nick Cave, o Kevin Shields de los My Bloody Valentine. Cuando uno lee esa frase: “Los clásicos vuelven”, así debe ser. No en copy/paste de nuevas generaciones, haciendo lo mismo del padre o el hijo. ¿Quieren que te recuerden por cómo eres?

 



Cristian Poblete

I'm Danny Brown and Ryan Gosling. Primer Hokage en pueblo ruidoso