Justin Timberlake – The 20/20 Experience (2013) : Una cátedra de equilibrar calidad y masividad

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6 años han pasado desde el hit de “FutureSex/LoveSounds”, un disco que en su época alzo a Justin Timberlake como uno de los urban y nuevos próceres del R&B; sobre todo en una época en donde Prince y Michael Jackson le coartaron la posibilidad a cualquier artista de intención, de querer ser un grande en el pop. El Ex N’Sync con sutileza, un background sexón y la producción de Timbaland lograron tres importantes acontecimientos: Ligarlo a la caminata de la calidad; que lo masivo puede ser bueno y quitarlo de la sombra de los muertos de las boys band.

También fue un letargo indefinido, en donde se forjó como actor recurrente y empresario, donde su presencia musical quizás para él no era necesaria. Lo tenía todo, inclusive hasta el amor de Jessica Biel.

Sentado las bases de su pasado y su presente, un disco nuevo podría resultar en la práctica algo laceo, fuera de training y un despiste de cómo ser actual, sin caer en un cambio brusco. Rodearse en la actualidad significa posicionarse con artistas, opciones y un panorama distinto al cual lo vio nacer y consagrarse; como también estas características lo podían ayudar al replanteamiento y al crecimiento. Justin decidía comprar Myspace, y no iba a dar un paso tan arriesgado en comprar un formato medio obsoleto. Algo más debía preceder al hecho…algo como su regreso.

Timberlake retornaba con Suit & Tie, una canción elegante, con un buen placement de partner como lo es tener a Jay Z y un background más de antaño, desligándose un poco de su mirada más teenager y viéndose maduro, sofisticado y elegante. Ya no se codeaba con Nick Carter, Rihanna o Justin Timberlake; quizás actualmente más Miguel, Jeremih o R. Kelly, e inclusive, casi limando a los costados de Mayer Hawthorne o Jamie Lidell. El nuevo The 20/20 experience tenía y se veía en el limbo de la naturalidad y la perfección de querer verse un artista consagrado a la fuerza; quizás hasta podía caer en la cursilería…pero al parecer se salvó.

El mismo artista se ha referido a su círculo cercano en definir a la nueva placa como “música que se puede ver”. Y la apreciación resulta bastante cercana a lo expuesto. En estos 70 minutos del retorno, con 10 canciones compuestas y la poca importancia de la duración de las canciones en estos días de los singles cortos, habla de maduración y prolijidad. Además la diferenciación en las letras entre Justified y FutureSex en quitar lo prosaico y desenvolverse en el universo de los sentimientos, erizándote ante el acercamiento emocional. Mirrors es la prueba fehaciente.

El sonido tiene fórmulas transversales, bañando siempre al pasado hacia el futuro. Don’t Hold The Wall” y “Tunnel Vision” enganchan y tiene cambios de ritmos que invitan al viaje del encantamiento; Let The Groove Get In es nostalgia pura y Suit & Tie, Mirrors o That Girl son los caballitos a single; claves insignes en la producción de J Roc y el mejor Timbaland (El de Aaliyah o Loose de Nelly Furtado).  El resultado es una experiencia, una cátedra y una invitación a los artistas de hoy y ayer, a intentar jugar con el tiempo.

El equilibrio invita a la elegancia y prolijidad constantemente, donde Justin es el viajero y protagonista de esta experiencia. ¿Si valió la pena su regreso? Por supuesto. No me cabría duda decir que se encuentra más cerca de Prince y más lejos de Justin Bieber. Justin, lo haz logrado.


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