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Tomahawk – Oddfellows, el regreso de las bandas perdidas de Mr. Patton

Tomahawk-Oddfellows

Mike A. Patton no es alguien desconocido para el pueblo chileno, quien se ha comportado de una manera bastante esquizofrénica cuando Patton ha visitado nuestro largo y angosto país. Así y todo, y luego de la separación definitiva de su mítica banda Faith No More, Patton es un hombre inquieto. Cual don Juan Tenorio, Patton tenía un extraño comportamiento de promiscuidad musical: fundar pequeños proyectos, sacar un par de discos con ellos y luego separarse. Sin embargo, así es como han salido a relucir las verdaderas obras maestras del norteamericano. Fantômas, Peeping Tom, General Patton & The X-Ecutioners, Mondo Cane, y, por supuesto, la banda que el día de hoy nos trae un disco fresquito: Tomahawk.

Luego de la separación de Faith No More en el año 1998, Patton se dedicaría a su banda Mr. Bungle, de la cual formaba parte antes de ingresar a FNM. Es en un show de Mr. Bungle al cual asiste el guitarrista de The Jesus Lizard, Duane Denison, donde Patton es seducido por la idea de la concepción de Tomahawk (propuesta por el mismo Denison luego de verlo tocar con Mr. Bungle). Así es como se empiezan a reclutar los músicos de esta “súper-banda” hasta quedar con un line-up definitivo: Patton en la voz y los efectos electrónicos, Denison en la guitarra, Kevin Rutmanis (ex-The Melvins) en el bajo y John Stanier (ex-Helmet) en la batería.

Estos cuatro músicos grabarían y lanzarían su primer LP homónimo el año 2001 por el sello Ipecac Recordings (el sello del cual Patton es fundador y dueño), dejando entrever un estilo de rock pesado convencional con un giro único y sombrío, casi como si fuera música de psicópatas. Notables tracks saldrían de ese disco, como “God Hates A Coward”, “Sir Yes Sir”, Malocchio” y “Flashback”. Luego de un extenso tour y otras cosas que Patton haría por esos días (ocupado con el sello, Mr. Bungle y Fantômas) el 2003 saldría su segundo álbum titulado Mit Gas, un disco más tranquilo, pero igual de oscuro y sombrío como su predecesor.

En este punto de la carrera de Tomahawk, el bajista Kevin Rutmanis es despedido y se empieza a trabajar como trío (Denison haciéndose cargo de ambos guitarra y bajo) en un nuevo álbum, que contendría influencias de la música tribal de los nativos norteamericanos. Anonymous saldría el año 2007 y en el tour el bajo sería tocado por el compañero de Patton en Fantômas y Mr. Bungle, Trevor Dunn, quien luego se convertiría en miembro oficial de la banda.

Es así como llegamos a Oddfellows, un disco que desecha la incursión de Tomahawk en los sonidos rituales indígenas y adopta campos sonoros mucho más simples, volviendo a la esencia de lo que fue Tomahawk en un principio, pero con estructuras de canciones un poco más complejas, apretadas y usando recurso estilísticos inexplorados anteriormente por el cuarteto. La oscuridad y peso de sus composiciones sigue intacto, pero esta vez se ven plasmados por diferentes tipos de sonido, como lo son la exploración de disonancias, riffs punk, secuencias de batería y percusión electrónica, así como la incorporación de pianos son lo nuevo que ofrece Tomahawk para revitalizar su antiguo sonido, que había sido dejado de lado desde el lanzamiento de Anonymous.

Partimos con el tema homónimo, Oddfellows, una canción escrita en la extraña marca de tiempo de 7/4 que inicia con la batería sola para que luego entre una disonante línea de corcheas con la guitarra y el bajo. Así entra la tratada y baja voz de Patton, por momento susurrando, por momentos cantando con mucho reverb detrás; en las líneas de remate de las estrofas saca a relucir su manejo de las armonías vocales con dos pistas de su propia voz. Cerca de la mitad de la canción un trozo estilo metal se abre paso hasta el inicio del último tercio de la canción, donde el riff disonante vuelve con un solo de guitarra detrás y la susurrante voz de Patton. Lo que sigue se llama Stone Letter, que inicia con un riff de guitarra punk, una batería calmada y con la voz de Patton muy despacio, que luego se desata en el coro con mucha intensidad. Lo electrónico de Patton se luce en la segunda estrofa, y luego del segundo coro las cosas bajan sus revoluciones un poco: la guitarra se vuelve limpia y con eco, la batería se limita al ride y el bombo y Patton muestra líneas melódicas muy despacio.El riff de inicio da la partida al coro final y ya estamos en I.O.U., un tema lento que parte con una secuencia de batería electrónica y un oscuro y grave piano, a los cuales se les agregan el sombrío y simple bajo de Dunn, una melódica voz por parte de Patton y variadas líneas de guitarra cortesía de Denison. Cada vez subiendo más en intensidad, llegado el coro explota en una bomba de potencia y melancolía que luego se apaga hacia el final de la canción, donde se presenta una variación de la intro. El track n°4 se titula Black Hats, que inicia con mucha potencia por parte de las dos pistas de guitarra de Denison y unos sonidos de palmas aplaudiendo junto al sonido de la caja de Stanier. La estrofa sólo contiene guitarra en las líneas de remate, haciéndola muy A Perfect Circle. Un tema rápido y dinámico, con Patton escupiendo palabras en la estrofa, como si de spoken word se tratara hasta llegar el coro, donde la voz desgarradora del norteamericano se desvive en gritos mientras melódicas segundas voces de Denison la acompañan. Cerca del último tercio del tema Patton saca a colación su gran capacidad resonadora y vocal con potentes y precisos gritos en el coro hasta la extinción de la pieza. Lo siguiente es A Thousand Eyes, un tema casi lascivo y agresor, con una calmada y limpia guitarra, que tiene de acompañantes una batería sin elemento redoblante y un bajo con extrañas líneas melódicas. Las voces y coros tratadas por parte de Patton y Denison le añaden cuerpo a la canción en los momentos precisos. El disco continúa con Rise Up Dirty Waters, uno de los temas más atractivos y entretenidos de escuchar del Oddfellows, que inicia con Stanier haciendo una forma de batería de estilo jazz con multitud de notas fantasma, que se ve escoltada luego por una acelerada línea de bajo, etéreas notas y acordes de guitarra y la melódica y lastimera voz de Patton. Cuando la voz se ve intensificada es cuando las cosas toman un nuevo rumbo y un divertido riff de guitarra, acorde con el estilo jazz y ball-jive de la batería, hace su entrada con mucha distorsión y la agresora performance de Patton. El último tercio es muy parecido a la introducción, que trae reminiscencias a lo hecho por Patton junto a John Zorn su último disco Templars: In Sacred Blood. La canción que suena ahora es The Quiet Few, un tema con una intro y estrofa muy extrañas, con un acorde tocado esporádicamente por Denison y una melodía disonante con staccatos en el bajo, seguida de cerca por los ritmos de Stanier. Sobre esa base Patton se dedica a dejarse ir, a ratos en estilo spoken word, a ratos cantado, a ratos susurrante. Todo cobra fuerza en el coro, para luego mutar en un extraño puente donde la guitarra de Denison es protagonista por un buen rato. Luego de un etéreo quiebre, volvemos a la estrofa, que se va haciendo cada vez más rápida y salvaje hasta el final.

El disco sigue su curso con “I Can Almost See Them” (sí, con comillas y todo), que tiene una intro con mucho de parecido con su LP anterior, Anonymous, pero sin duda que con una vibra no tan pura y de mucho más fácil llegada y escucha, con cantos rituales y una guitarra introductoria oscura y, a la vez, limpia. Mike Patton nuevamente se alterna entre los recitados y las líneas melódicas vocales, que esta oportunidades son octavadas y doble-trackeadas. Tímidamente entra en escena Stanier, haciendo ínfimos sonidos con los toms y acompañando a los efectos de sonido cortesía del general Patton, que junto a las segundas voces y los platillos de Stanier van dándole seguridad, cuerpo y potencia a la canción, dado que el bajo y la guitarra no son tan potentes. Seguimos con South Paw, que empieza con una punk batería y power chords de la guitarra de Denison, que en la estrofa se dedica a hacer esquizoides solos acompañando a la voz de Patton. Denison y Stanier se calman luego de la primera estrofa, el primero tocando un par de notas limpias y el segundo bajando en intensidad. La intro se vuelve a repetir en el coro y hacia el final, los solos medios esquizos de Denison vuelven a aparecer. Lo que sigue es Choke Neck, que contiene guitarras en terceras, golpes en el ride y jadeos de Paton al por mayor en su introducción. Luego entra agresivamente la distorsionada guitarra de Denison para ponerle un poco de unidad a la canción, que pareciera destartalada y desarreglada anteriormente. Hasta el final de la canción se alternarán estos dos momentos: calma y agresión, disparidad y unión. Proseguimos con Waratorium, canción escrita en 6/4, con un riff pentatónico y donde la expansiva voz de Patton en múltiples tracks nos dan una performance de primera. Un rockero riff caracteriza al coro instrumental, para que en la segunda estrofa se le unan más octavas a la voz de Patton. Repetida toda esta figura, hay un pequeño y tranquilo puente donde aparecen unos pocos efectos de sonido que conducirán a la última estrofa. El penúltimo tema es Baby Let’s Play ____, una canción tranquila, con lentos ritmos, una melodía de guitarra sin prisa y ocasionales coros que se ven opacados al entrar la relajada voz de Patton. En el coro aparecen acordes disonantes en la guitarra y en los sintetizadores de Patton que se vuelven efímeros al volver la estrofa. Track final: Typhoon. Una figura de batería con los toms y el bombo hacen de fondo para una oscura melodía de guitarra que luego muta en power chords y una figura de batería más bien punk y rápida, aunque aún sin intensidad, como si fuera la calma antes de la tormenta. Mientras Patton hace y deshace en la estrofa, es turno de los músicos en el coro, donde Denison le sube a la distorsión y Stanier le pega a los toms como si no hubiese mañana. Luego de repetir ese comportamiento, el coro final se ve acompañado de variados gritos de Patton multitrackeados, como si fuera un coro de cantantes de death metal hasta que la canción termina de súbito, al igual que el disco.

Mike Patton va bien. Luego de la fama adquirida con Faith No More y con el éxito de su sello discográfico Ipecac Recordings, puede darse el lujo de rodearse de buenos músicos que les gusta lo que compone y están dispuestos a tocar con él. Esto le da a Mike Patton más alas que uno verdecito. Al estar separado de Faith No More (banda que le consumía mucho de su tiempo), Patton puede dedicarse a plasmar las ideas que no encajaban tanto en Faith No More pero que él ansiaba poder dar a conocer al mundo. Sin duda que a lo mejor es soñar si esperamos un nuevo disco de Fantômas o Mr. Bungle, pero es algo que muchos fanáticos deseamos y, ahora que la creatividad de Patton ha madurado y tiene su espacio, es mucho más factible que suceda.

Diego Herrera

adorniano