Blake Fleming – Time’s Up, percusiones caseras para el nuevo mundo

Blake Fleming – Time’s Up, percusiones caseras para el nuevo mundo

En una antigua revisión al disco debut del baterista actual de The Mars Volta, Deantoni Parks, ya les conté y enumeré las personas que otentaron el antiguo puesto de hombre percusión en TMV. Uno de ellos fue Blake Fleming, probablemente el principal creador de ritmos y beats del disco debut de los latinos-estadounidenses, De-Loused In The Comatorium, el más vendido y aclamado lanzamiento de los natales de El Paso, TX. Uno de los más queridos percusionistas de esta banda, Fleming también fue el fundador de la banda de math rock, Dazzling Killmen, que formó a los 15 años y que le dio la oportunidad de trabajar con Jeff Tweedy (Wilco) y compartir escenario con The Jesus Lizard, Fugazi, Helmet, entre otros. El estilo de tocar Blake Fleming es una comunión de variados mundos sonoros: encontramos influencias de la música progresiva occidental y mucha percusión étnica, también de diversos lugares, por ejemplo, latinas, indias, árabes, orientales, etc.

Es de todas estas múltiples influencias de donde en Fleming surge la idea de hacer un disco completamente de percusiones, ya sean occidentales “regulares” o de otro tipo, en canciones de más o menos 3 ó 4 minutos (lo que dura un single estos días). Y es así como surge Time’s Up, grabado caseramente en el sótano de una iglesia de 150 años de antigüedad localizada en las Montañas Catskill, usando micrófonos de baja calidad, mBoxes y una mesa de mezclas grabadora en cassette por 4 pistas. Un equipo de estilo lo-fi pero que no deja un trabajo lo-fi para nada.

Publicado el 18 de Septiembre en su bandcamp oficial, Fleming previamente publicó un video en su canal personal de YouTube, mostrando un link de Kickstarter (página donde artistas muestran sus proyectos a la espera de que personas donen dinero para materializarlos) pidiendo colaboración para poder imprimir Time’s Up en vinilo (Fleming es un amante del vinilo). La meta de U$3000 fue superada en sólo tres días y el disco debut de este baterista americano está próximo a su lanzamiento en vinilo.

Hay en Time’s Up una gran mezcolanza de muchos estilos (musicales y baterísticos), con polirritmias y extrañas marcas de tiempo, característico de Fleming. Un disco plagado de matices; hay tracks con mucho poder y que incitan a saltar, gritar y destruir las cosas de tu pieza, como por ejemplo “Sugarhill in Sight” (donde un minúsculo boosteo del micrófono en el audio le da distorsión al sonido del bombo que le da el toque especial a la canción) y “Time’s Up” (que mediante etéreos y pausados bombazos, sobrecarga las frecuencias bajas de la canción y hace retumbar tu aparato receptor de sonido), así como también no pueden faltar piezas de carácter más ambiental y con grabaciones de campo (influencia de Omar Rodríguez López?), como “Piano Footsteps”.

Canciones bailables hay al por mayor en esta placa, “Street Corner Breakdown” es uno de ellos, que combina una batería muy al estilo de rock occidental conservador al que se le van uniendo numerosas percusiones que hacen que a uno se le mueva el tambembe solo. “Intro/Mi casa su casa you kassa” también ayuda al cuerpo a ponerse en ritmo, con una introducción algo engañadora (de corte ambiental), pero que hace que la canción llegue a buen puerto.

Hip hop tampoco podía faltar en este lanzamiento. Una base de influencias raperas se hace presente en “Smells Like This Heat”, la cual es muy simple. Sin embargo, poco a poco se le van agregando más instrumentos a distintos tiempos, texturas y volúmenes, lo cual en sonido estéreo es una experiencia altamente recomendable! (no voy a decir consustancias de qué naturaleza en el cuerpo). Fleming es un fanático del hi-hat y sus múltiples usos y aplicaciones, lo cual se nota en la pieza “The Funky Komodenu”, que muestra un uso expansivo de este masivo platillo y su impecable comunión con percusiones más bien “altas” y poco convencionales. Y hablando de poco convencionales, cómo no mencionar a “The Ballad Of The Double Beard”, un viaje por complejas polirritmias y un versátil uso de platillos ride y cowbells afinadas en distintos tonos, dejando bien en claro que la percusión no significa atonalidad.

Es luego de escuchar este álbum que mantengo lo dicho en aquel review al Touch But Don’t Look, los bateristas tienen muchas cosas qué decir musicalmente y debieran haber (en mi humilde opinión) más discos solistas de partes de ellos. La batería es otra cosmovisión, otra forma de entender y otro punto de vista de ver la música y las artes en general. Seas o no baterista, este disco puede llevarte a lugares que musicalmente nadie te ha llevado y, probablemente, te influencie para que aprendas un nuevo instrumento.