Bloc Party – Four, el camino de vuelta

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Corre el año 2005 y hace su aparición en el mercado mundial uno de los discos más aclamados del rock de la década: “Silent Alarm”, el debut de un cuarteto inglés llamado Bloc Party. Un disco que a punta de apretadas y rápidas baterías, afiladas y bipolares guitarras, potentes bajos y el particular timbre de voz del vocalista Kele Okereke, construyen una propuesta de rock alternativo nunca antes oída y que causó gran revuelo en sus ventas para ser un disco independiente de rock indie.

Sin embargo, Kele y su interés por la música de tendencia más dance-punk se verían reflejados en lo que serían los trabajos de Bloc Party,  como lo son “A Weekend In The City” (un álbum de carácter transitivo) y el disco conceptual “Intimacy” (que sería la cristalización de las influencias electrónicas en Bloc Party, dejando de lado el protagonismo guitarrístico e incorporando nuevos instrumentos y efectos post-producción). Luego del tour del Intimacy, la banda decidió tomarse un receso para centrarse en sus proyectos paralelos, donde Kele pudo por fin hacer su música electrónica/dance-punk que hace tanto tiempo quiso sacar. Es con estos antecedentes cómo, en Septiembre de 2011, Bloc Party vuelve a unirse para escribir y grabar su último disco lanzado hace ya un mes titulado “Four”.

Four”, lanzado a través del sello independiente Frenchkiss Records (Bloc Party antes había lanzado sus discos mediante la casa discográfica Wichita Records), presenta una propuesta musical más cargada al estilo del Silent Alarm. Las guitarras vuelven a ser protagonistas con sus numerosos y respectivos pedales de efectos cortesía de Russell Lissack y el propio Okereke. Las letras (obra de Okereke) continúan en su línea críptica y de referencias a la cultura popular inglesa, prácticas sexuales y problemas personales-emocionales. Los coros del bajista Gordon Moakes adquieren características similares a lo hecho por él mismo en el A Weekend In The City, debido a que en el Silent Alarm la voz predominante y protagonista sería sólo la de Okereke. Matt Tong sigue impecable y preciso como una máquina tras los tambores, con una rapidez y calidad sonora que lo hacen todo un agrado de escuchar. Destaca el productor Alex Newport, que previamente hubiese trabajado también de productor con At The Drive-In y The Mars Volta.

La primera canción es “So He Begins To Lie”, que parte con pequeños fragmentos de grabaciones del estudio que finalizan cuando entra la apretada batería de Tong que conduce a un rockero riff, el cual servirá de base para las estrofas donde Okereke desenvainará una compleja melodía. Un poderoso coro dejará ver la faceta más rockera de Bloc Party en este álbum. Hacia el final de la canción antes de la última estrofa, Tong nos regalará un festival de baquetazos acompañado por el resto de la banda. Seguimos con “3×3”, un tema cargado de oscuridad y la voz dolora y operática de Okereke que, mientras en el coro llega a su expresión máxima, se ve seguida por la guitarra solista de Lissack que pareciera que entabla una pelea durante toda la canción con la voz de Okereke, siendo ambas protagonistas notables a lo largo de la pieza. Ya estamos en el track n°3, titulado “Octopus”, que contiene un ingenioso riff principal basado en loops rápidos efectuados por la guitarra de Lissack, a los cuales les sigue de manera precisa la batería de Tong. En el coro se aprecia la comunión de las voces de  Moakes y Okereke (cuya voz se encuentra multitrackeada), así como la aparición de un pandero que le da ritmo a esta sección del tema. Destaca también el solo de guitarra de Lissack, donde hace gala de su virtuosismo y demuestra que en el Four las guitarras vuelven a ser las estrellas. Lo que sigue se llama “Real Talk”, una canción melancólica donde abundan las guitarras cálidas y crujientes y una batería simple y escueta. Okereke destaca por una personificación de tristeza notable en su performance (seguido muy de cerca por las segundas voces de Moakes), así como Lissack lo hará con sus atmosféricas frases de guitarra hacia el coro.

El quinto tema se llama “Kettling” y contiene mucha distorsión en las guitarras y unas desarregladas baterías, haciéndolo uno de los temas rockeros y fuertes del disco. Gran acción de armónicos por parte de la guitarra de Lissack y una pegadiza melodía que adorna el coro, cortesía de Okereke es lo que destacan a esta canción, la que también contiene un texturizado solo de guitarra de Lissack que, pasándola a través de múltiples efectos análogos consigue un sonido muy propio. Seguimos con “Day Four”, una calmada, melancólica e intimista canción que, por el tono de las guitarras, recuerda a un clásico de los también británicos The Police, “Every Breath You Take”. La voz de Kele, a través de reverbs y delays crea una atmósfera tranquila y sugerente, que es favorecida por el metálico tono del bajo de Moakes. La canción se extingue en un decrescendo progresivo para que aparezca en escena la siguiente, titulada “Coliseum”, que inicia su existencia con un riff muy rockero tocado a través de algo que no lo hace sonar tan rockero: una guitarra acústica con un tono muy similar al del estilo country western. Al minuto de duración, y con un violento quiebre protagonizado por Okereke, los británicos oprimen el pedal de distorsión, Tong acelera sus beats y las cosas adquieren un nuevo color. Con una outro muy violenta y la voz de Okereke dando distorsionados gritos, la presente canción finaliza y empieza “V.A.L.I.S.”, probablemente la única canción con influencias dance-punk de todo el Four. Atractivos contrapuntos de guitarra pavimentan el camino para que la voz de Okereke efectúe notables melodías que se ven acompañadas por las performances vocales de Moakes y Tong (sí, el loco también canta).

Ya estamos en la canción “Team A” que contiene un inicio bizarro con reminiscencias de música contemporánea, para luego iniciar un repetitivo y peculiar riff principal que adereza el canto de Okereke, que va marcando la pauta para ciertas variaciones de guitarra. Hacia la mitad de la canción, las cosas se ven aceleradas y más agresivas gracias a una fuerte acción de Lissack y Tong imprimiéndole fuerza a la canción. La siguiente pieza se llama “Truth”, que inicia con guitarras pasadas a través de delays y reverbs que traen a la memoria el Silent Alarm y sus canciones más oscuras y tristes. Precisamente Truth contiene una atmósfera melancólica que se ve acentuada por la melodía de bajo y la maticista manera de cantar de Okereke, que es escoltada por las voces de Moakes y Tong nuevamente. “The Healing” es lo que sigue, y también es una canción calmada, plagada de guitarras limpias, bajos expansivos y cálidos y baterías precisas y simples, donde aparecen nuevamente las percusiones externas. Una balada que prepara de manera perfecta el terreno para la canción que da el broche de oro, titulada “We’re Not Good People”, que saca a relucir nuevamente la faceta dura y distorsionada de Bloc Party, con un sucio bajo de Moakes y Lissack proliferando licks como respuesta a lo cantado por Okereke en las estrofas, que de tanto en tanto nos regala distorsionados y pasionales gritos justo antes del coro.

Bloc Party es una banda que se dejó metas altas al lanzar su álbum debut. Sin embargo, Bloc Party ha sabido encontrar su nuevo sonido luego de la experimentación con elementos sonoros electrónicos (como en el A Weekend In The City y más notoriamente en el Intimacy) y después de un tiempo de reflexión y despeje de sus miembros una vez separada la banda. Una decisión difícil de tomar, pero que a veces suele terminar salvando agrupaciones, y más importante que eso, relaciones humanas. La separación le hizo bien a Bloc Party, que quede el Four de testigo. Amén.