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[Crítica] Scott Pilgrim Vs The World

Antañamente las preocupaciones no existían, simplemente el tiempo se invertía en jugar algo  o estudiar para el dictado. Desde ese entonces las hazañas incluían terminarse el Mario Bros 3 con la flauta, el Contra con el Konami Code o llegar a Thailandia para matar a Bison. Dejando el control, nos distraíamos viendo Dragon Ball y los Power Ranger. En ese entonces, ni siquiera nos fijábamos en las letras depresivas de Kurt Cobain y de un rato para otro podíamos estar vacilando a Haddaway. Nos decían nerds, buenos para nada u ociosos. Son casi 20 y tantos años de palabras antojadizas y un sin fin de cosas que nuestra fantasía infantil nos hizo hacer; producto de esas similares vivencias “Brian O’ Malley” se manda el símil de juventud en extasís, pero de nuestros últimos “Cuarto de Siglo recorrido”. Gracias a esas viñetas llenas de datos pop: “Ahora no necesitas jugar futbol americano o tener bíceps, simplemente usando tu mochila de la sabiduría, ya tienes el sex Appeal”.

Scott Pilgrim Vs The World proviene de la mente del dibujante Brian O’Malley, con una duración temporal de 6 tomos en un universo costumbrista, con momentos pop y situaciones rayando fuera de la realidad. Dato no menor haber sido el cómic más vendido de estos últimos 10 años. En vista de estos datos financieros, Universal puso su visión en adaptarlo, llamando al director Edward Wright (Shawn Of The Dead) y poniéndolo en el escenario “de ser su primer película fuera de Gran Bretaña”. Dicho, hecho y expuesto llama a Michael Cera que interpreta a Scott, un joven de 23 años, flojo de por vida, inmaduro e indeciso, además de ser bajista de la banda Sex-O-Bomb, y a la vez compuesto por el neurótico Stephen Tills (Mark Webber) y la misógina batera Kim Pine (Alison Pill). De novia con la estudiante Knives Chau (Ellen Wong), viviendo en la casa de su amigo gay Wallace (Kieran Culkin). Una vida bastante normal, hasta que llegan a sus sueños la imagen de una chica alternativa, con patines, sensaciones que lo dejan misteriosamente fascinado. En unas de sus andanzas, la encuentra. Ramona Flowers (Mary Elizabeth Winstead). Una chica encargada de dejar pedidos en Amazon, esquiva y una real bitch. Ese sex appeal juega en la fascinación de Scott por salir con ella y es ahí, en donde la locura se comienza a presentar: para salir con ella, debe enfrentarse a sus 7 ex novios. ¿Scott será feliz con Ramona? Los vaivenes comienzan acá.

Desde este párrafo, existen los spoilers.

La cinta abarca 2/4 del cómic, desde el principio hasta el enfrentamiento del tercer Ex. Y eso resulta un arma de doble filo: tenemos  una fiel realidad de la obra, sin manchas y siendo casi-calcada al universo argumental y visual. Por otra parte el querer resumir una historia de muchas viñetas, en donde se nota después de la mitad de la película en querer contar lo más posible, no profundiza partes y eso apela a una falta de ritmo. La pelea con los gemelos su ex lesbiana y la invención del final (por falta de el, en ese entonces) quedan como una anécdota de pestañeos. Las peleas son simplemente una justificación y no el eje central; se alargan mucho los enfrentamientos, sobre todo en el final, pareciendo que las armas se estaban agotando, de una cinta con una primera mitad muy adictiva. No obstante, se respetan los guiños pop, con referencias a pac-man, el transcurso de la historia con barritas de vidas, el obtener las metas ganando monedas a lo Mario Bros, las indicaciones y separaciones del tiempo de las escenas con viñetas y caracteres, sintiéndonos como si estuviéramos en un cómic: es tan real, como ficticia.

Excelente elección del reparto, estando muy bien caracterizados en cuanto a la obra original, enamorándonos de Ramona y si leíste el cómic, evocar sonrisas de gracia al encontrar lo parecido de todos (Michael cera siempre actúa de él). La música es muy ad hoc al círculo en donde se mueve. Tenemos en la producción del soundtrack a Beck y Cornelius, también en pistas a Metric, Anamanaguchi, Frank Black, Broken Social Scene, T Rex y los Rolling Stones , no olvidándose de los temas de Sex-o-Bomb, Plumptree y Crash and The Boys.

Su problema a la vez es su real virtud: llega a ser tan generacional, que si no te mueves por los mismos códigos simplemente te pierdes. Es como hablar cosas de jóvenes con tus viejos, pasos difíciles para que te puedan entender, eso sí, no vetándolos de poder disfrutarla. Nada nuevo es eliminar jefes, terminarse un juego, leerse un libro, la afición por una banda o la existencia de un amor platónico. Siempre han existido.

7.6 de 10


Cristian Poblete

I'm Danny Brown and Ryan Gosling. Primer Hokage en pueblo ruidoso