El fabuloso mundo de los 13th floor elevators

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Autor: Victor Cofré Ormeño.

La década de los sesenta fue una época mística y mágica, musicalmente hablando, donde se crearon obras musicales que cambiaron para siempre el destino de la cultura pop, claramente hay un antes y después de la Invasión Británica y del movimiento hippie, por citar ejemplos.

Pero en el fondo, también existieron movimientos musicales que hasta el día no son muy conocidos por las masas, entre los cuales destaca el Garage Rock, con bandas tan brutales para la época como The Sonics, The Kingsmen, The Seeds o los famosos Stooges, entre muchas otras. Entre estas bandas hubo una que se diferenció un tanto del resto, los 13th Floor Elevators, agrupación que se caracterizó por llegar a lugares donde ninguna banda había llegado hasta entonces.

Se formaron en Austin, Texas, USA en 1965, un lugar que no es considerado muy a menudo como una escena importante del rock en esa época, tal como lo era San Francisco (cuna del Verano del Amor y del rock ácido) y New York (Woodstock). Su líder y principal compositor fue Roky Erickson, curioso personaje que guarda similitudes con Syd Barrett en cuanto a experiencias de vida; debido al exceso de ácido y drogas varias terminó en un manicomio para evitar ser encarcelado por posesión de drogas y una vez libre grabó varios discos relacionados experiencias personales vividas por alienígenas. Totalmente de culto.

La música de los elevadores es totalmente desquiciada y sucia, esto con la ayuda del “electric jug” (literalmente jarro eléctrico), que básicamente era un jarro con un micrófono que producía un sonido bastante curioso e hipnótico que algunos amamos, pero que otros detestan profundamente. A diferencia de la mayoría de los grupos de la movida hippie o psicodélica de USA que basaban su sonido en el Folk Rock, los Elevators basaban su música en el Garage Rock, esto provocó que fuera mucho más oscura, inaccesible  y machacante a los oídos que la de otros grupos, las guitarras son sucias, hipnóticas y etéreas, mientras que la sesión rítmica puede parecer monótona, pero nos lleva a lugares que jamás habíamos visitado dentro de nuestra mente, todo esto acompañado del sonido único del jarro eléctrico y la forma desquiciada forma de cantar de Roky sus líricas llenas de referencias “semi-ocultas” al uso de drogas como portal a una nueva experiencia trascendental.

Su primer LP, el fundamental The Psychedelic Sounds of The 13th Floor Elevators fue editado en 1966, teniendo en él su sencillo más conocido “You’re gonna miss me”, enérgico corte con un clásico riff de Garage Rock y con la famosa jarra en primer plano. Este disco es conocido por su clásica portada ultra drogona, llena de símbolos ocultistas y por ser el primero en utilizar el término “psicodelia” en un disco de Rock. Notables cortes de este disco también son: la enigmática “Roller coaster”, la energética “Fire Engine” y la (shuper) mística “Don’t fall down”. En 1967 grabaron el que a mi parecer es su mejor disco “Easter Everywhere”, donde claramente se nota una maduración de las ideas del grupo, apoyándose en una producción mucho más pulida, donde las guitarras suenan mucho más atmosféricas. Destacan de este disco la obra maestra psicodélica “Slip inside this house”, además de los temas “Earthquake”, “I’ve got levitation” y el genial cover de Bob Dylan “It’s All Over Now, Baby Blue”.

En 1968 editarían su último disco de estudio “Bull of the Woods”, disco que se ve afectado por el arresto de Roky y otro miembro de la banda por posesión de marihuana, lo que ocasionaría que los Elevators desapareciesen para siempre.

Pese a ser una banda clave en el inicio del rock psicodélico son realmente poco conocidos por el público general, aunque su influencia ha sido ampliamente reconocida por muchas agrupaciones, incluso hay covers de sus canciones por grupos aparentemente lejanos a ellos como Spacemen 3 (“Roller coaster”) o Primal Scream (“Slip inside this house”). Los Elevators sin  duda son una de las bandas más oscuras e interesantes, pero al mismo tiempo, influyentes que existieron en los años sesenta, merecen que les des espacio en tu colección, además de que a falta algún estimulante, nunca están de más.

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