
Si hay un puesto que se ha visto sujeto a cambios y ha visto pasar a muchos diversos estilos en The Mars Volta, sin duda que es el puesto de baterista. Jon Theodore, con su influencia de ritmos afro y polirritmias lo hacen uno de los bateristas más queridos por los Voltans. Blake Fleming, un baterista con un corto paso por la banda pero que ayudó a afianzar el proto-sonido de TMV. Thomas Pridgen, un baterista prodigio en la velocidad pero que sin embargo carecía del “Groove” necesario. Y así Omar y Cedric llegan a Deantoni Parks, un baterista ambicioso, con visión de futuro y con creatividad a flor de piel, listo para volar cabezas con destiempos y polirritmias que hacen de su papel en The Mars Volta algo inolvidable.
Sin embargo, el Sr. Parks también tiene inquietudes musicales individuales. Campos que explorar por sí mismo, territorios por conocer. Siguiendo el mismo camino que su prolífico compañero de banda Omar Rodríguez-López, Deantoni se ha dejado llevar por la música electrónica, más específicamente por el movimiento techno y ha lanzado el 31 de Julio su disco debut como solista, Touch But Don’t Look, donde Deantoni, con su característico estilo de baterista “remixero” y haciendo de multiinstrumentista, nos deja un trabajo agradable al oído y, por qué no, muy ad-hoc para invitar a una amiga a sacarle brillo a la pista de baile.
“Eleven Eleven” es lo que da inicio, una canción cargada de sonidos electrónicos experimentales que parecen sacados de un televisor mal sintonizado, así como también voces grabadas y unos pocos acordes tocados en los teclados que abren el camino del siguiente tema, “Amsterdam By Foot”, una canción con tintes eurobeat y con un pegajoso y distorsionado riff de sintetizador muy bailable, donde también se hacen presentes campanas tubulares que amenizan el vibrateado frenesí de sintetizadores hacia la mitad de la canción. Innumerables y distintos beats de batería real y programada se nos muestran durante toda la canción. El track número tres se titula “Rebel To Rebel”, que es un viaje a un tempo acelerado donde destacan prominentes baquetazos a un hi-hat que permanece impávido mientras es atacado por Deantoni a la par de sintetizadores plagados de pitch-bends. “Make My Day” es lo que sigue, y empieza con un riff percusivo muy simple que luego es aderezado por una enrabiada batería y con estilizados teclados, donde, al contrario de las anteriores canciones, aquí predomina un tono oscuro y menor.

El disco continúa con “Dickie Newman”, canción que empieza con un intrincado y monotonal patrón de sintetizador que es seguido por una batería, la cual va agregando cada vez más piezas a su set. El patrón de sintetizador es acompañado de otro simple y pegajoso riff que sirven de esqueleto para que la batería se luzca como instrumento solista en esta canción. “Let’s Go Hazy” es lo que sigue, y es una pieza con mucho vibrato de introducción y con un upbeat muy característico de la música pop de los años ’90. “Dead Confederate” es uno de los temas más rockeros del disco, donde el sintetizador adquiere un metal de sonido muy similar a una guitarra eléctrica y la batería pasada a través de un chorus/flanger conduce a la canción a un coro lleno de distintas texturas traídas a colación por variados sintetizadores.
“Best Day Of My Life” hace que la placa continúe con su curso, con una influencia muy característica de los viejos conocidos del electro house mundial, Daft Punk, así como otros pioneros del género como Falco. Teclados más atmosféricos se hacen presentes en esta canción que hace que de paso a “Guiding Light”, que contiene un inicio con reminiscencias a música de videojuegos y a música oriental, al cual se le une el beat de rigor que forma la estructura básica de la canción que la llevará a su extinción y hará que surja el último tema de este disco, “Dancing Like A Feather”, que cuenta con la presencia de la vocalista Betty Black y que contiene básicamente la pista de la segunda canción, Amsterdam By Foot.
La variedad de ritmos que plagan esta placa es rica y muy extensa, ya sea con batería acústica, escueta y seca, o con batería electrónica secuenciada y pasada a través de efectos post-producción, barroca y sobrecargada. Sin duda alguna que creo que los bateristas tienen muchas cosas qué decir por sí solos, y es un verdadero agrado que Deantoni sea capaz de decirlas sin tapujos en un álbum tan fluido como lo es Touch But Don’t Look. Hacen falta bateristas solistas que se vayan en unas voladas como la de Deantoni, quien, sin embargo, sigue los pasos de otro baterista que también se atrevió a hacer discos solistas pero en modalidad de acid jazz de una manera muy ecléctica: Marco Minnemann. Caracterizado por sus trabajos con bandas de metal extremo como Kreator y Necrophagist, Minnemann tiene una rica carrera como solista donde da rienda suelta a la creatividad de un experimentado en polirritmia y sonidos extraños. De más está decir que Deantoni promete, y que lo hace a lo grande.