
John Zorn no es alguien que podamos decir que su característica principal es pasar “piola”. Todo lo contrario, este estadounidense de ascendencia judía también ha sido capaz de darle un sello personal a su música, que también se ha visto influida por los músicos con los cual Zorn ha compartido estudio y escenario. La particularidad de su último lanzamiento – Templars: In Sacred Blood – que vio la luz la última semana del pasado mes de Junio a través del propio sello discográfico de Zorn (Tzadik Records), es la mutación de lo que era el llamado John Zorn Trio, que consistía en Joey Baron (Tony Bennett, Dizzy Gillespie, Masada) en batería, Trevor Dunn (Mr. Bungle, Fantômas, Secret Chiefs 3) en el bajo y ni más ni menos que Mike Patton (Faith No More, Mr. Bungle, Fantômas, Tomahawk, etc.) en la voz. A este trío se les ha sumado en este disco la colaboración de John Medeski (Emergency, Medeski, Martin & Wood) en el órgano, dándole una nueva connotación a la música de Zorn.
Templars: In Sacred Blood nos lleva a través de un concepto englobador, que es la orden militar de corte cristiana que fueron los Caballeros Templarios, que participaron en las Cruzadas. Un lanzamiento plagado de destiempos, extrañas marcas de tiempo, la expansiva voz de Patton y la magistral y fluida composición de Zorn son los elementos que caracterizan a esta pieza de arte que pasamos a revisar de inmediato:
Este viaje a través de la historia empieza con “Templi Secretum”, una obertura que empieza con un free-style muy ambiental entre un bajo muy suave, enigmáticos acordes del órgano y platillos que suenan cada cierto tiempo, donde inesperadamente irrumpe un desgarrador grito de Patton para subir las revoluciones y empezar un riff con destiempos y un poderoso bajo distorsionado, donde la frenética, rápida y asustada voz matiza de manera muy sólida con los gritos en el coro. “Evocation Of Baphomet” es lo que sigue, donde prima una melodía en el bajo plagada de acordes, acompañada con una parte hablada y numerosos toms de la batería resonando en efecto estéreo. “Murder Of The Magicians” contiene una etérea introducción que es caracterizada por un acorde de órgano resonando permanentemente, unos ambientales platillazos, la voz de Mike Patton hablando en latín y un coro de lo que vendría a llamarse “anti-gregoriano”, donde predominan las voces bajas y oscuras. Finalizada la introducción, un limpio y brillante riff de bajo va construyendo de a poco un brutal desenfreno instrumental y vocal que finaliza en una improvisación por parte de Mike Patton y su poderoso y extraño aparato fonador biológico.

El disco continúa su cauce con “Prophetic Souls”, que comienza con una simple introducción de órgano para dar paso a un riff escrito en 10/4 + 9/4, una muy extraña marca de tiempo que sin embargo Trevor Dunn hace parecer muy natural. De un ambiente que es relativamente calmo, cerca del minuto 2:48 pasa a un agresivo cambio que dura 8 segundos para luego volver a la tranquilidad relativa. Esto vuelve a pasar tres veces hasta el término de la canción, que hace que aparezca en escena “Libera Me”, una pieza en la cual el riff principal (tocado por el bajo distorsionado de Dunn) hace recordar al ecléctico sonido de Mr. Bungle, lleno de destiempos y extrañas escalas. Posteriormente el riff se ve modificado y el tempo es aumentado, llevando la canción a un nuevo nivel, donde se les une Patton y su sucia voz, que corona una magnífica improvisación por parte de Dunn y Baron. Ya estamos en “A Second Sanctuary”, donde una voz con deje a secreto de parte del general Patton nos invita a unos efímeros momentos de calma que se ven interrumpidos con grandes breaks y potentes gritos, que nos hacen pasar nuevamente a una inquietante, pero calmada atmósfera donde prima la ambientalidad y la improvisación de los músicos en escena. Luego, y de súbito, cercanamente a la mitad de la canción, volvemos al desenfreno y las rarezas musicales, donde un riff disonante conducido por unas simples y directas baterías va creando el armazón por sobre se desarrollará un enrabiado lamento por parte de Patton.
La siguiente canción es “Recordatio”, la cual está plagada de una muy marcada bipolaridad entre ciertos momentos muy breves de agresividad y otros más extensos en los cuales reina la calma, pero con un cierto deje a malignidad, como si fuera la “calma antes de la tormenta”. Un muy buen acentuador de este ambiente – que John Zorn supo manejar de manera muy profesional – fue poner un muy tenue efecto de reverberación, de modo que en los cortes muy abruptos, lo último que fue tocado quedara sonando muy escuetamente, como una especie de red, lo que acentúa la atmósfera de enigma. Hacia el final de la canción la agresividad se hace más presente, así como también una improvisación de manera más estructurada y planificada, donde se aprecia la faceta de John Zorn como director. Todo finaliza con “Secret Ceremony”, que inicia con una gran acción de efectos de sonido como gotas cayendo, metales moviéndose, etc., todo acompañado tenuemente de la banda. Avanzada la canción hacia el minuto, los instrumentos empiezan a adquirir el protagonismo que les caracteriza, pero siguiendo en la línea atosférica hasta cerca de los 3 minutos, donde un sobrecargado grito de Mike Patton marca el inicio de la parte menos improvisada y más estructurada de la canción, donde se pueden apreciar ciertos patrones hechos por Trevor Dunn en su bajo, que ya a estas alturas parece una guitarra rítmica de lo protagonista que se ha vuelto. Hacia el final de la canción un riff de bajo acompañado por sólo el platillo ride de la batería y efímeros acordes de órgano van acompañando a Mike Patton, quien, hablando en latín, recuerda a las antiguas misas que eran celebradas en el idioma del Imperio Romano, luego de que Constantino transformara al Cristianismo en la religión oficial del Imperio.
Esta placa nos sigue dejando en claro la gran capacidad de composición de Zorn, mostrando su versatilidad al poder inspirarse en diversas temáticas a la hora de escribir canciones. La mutación de John Zorn Trio a un cuarteto parece ser una muy acertada decisión por parte del vientista estadounidense, en un claro intento por no quedarse estancado y tener un campo de acción mucho más extendido para poder expresarse. Destaca mucho y deja para hablar muy bien de Zorn y sus secuaces es la variante de la improvisación que se da en este disco: una improvisación mucho más controlada y estructurada, donde se deja sentir con fuerza la influencia de Zorn haciendo las veces de “director de orquesta”. Un logrado trabajo muy agradable al oído y plagado de matices.