Omar Rodriguez-Lopez – Saber, Querer, Osar y Callar, todo pasando cuando Omar y Deantoni se juntan

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Por Diego Herrera.

Omar Rodríguez-López no pasa inadvertido en la escena musical mundial. Si hay alguien que tiene prontuario como experimentador por montones (con su figura cargada de “totalitarismo musical”), es este pequeño hombre nacido en Bayamón, que ha sabido reinventarse constantemente frente a sus propias exigencias musicales. Dejando atrás esta “benigna dictadura” en The Mars Volta como un simple “paso hacia el costado” (no se asusten chiquillos, TMV hay para rato), este puertorriqueño deja volar el corriente de su creatividad de lleno en su carrera como solista. Es así donde nos encontramos en el presente estadio de la gran historia de la música de Omar, atraído de sobremanera por la música electrónica, atmosférica y etérea.

“Saber, Querer, Osar y Callar” fue lanzado el miércoles 20 de Junio del presente año (2012 para los viajeros temporales), completamente como una sorpresa: no fue anunciado en ningún momento ni se rumoreó acerca de él, ya que hace muy poco se había lanzado su disco anterior, “Un Corazón de Nadie” en memoria a Frances Rodríguez, la madre de Omar que falleció mientras el músico se encontraba en el festival SXSW en el estreno de su película “Los Chidos”. En los créditos aparece el mismo Omar tocando infinidad de instrumentos, programando y secuenciando, y Deantoni Parks (el gran hallazgo de Omar) en la batería. Alejándose momentáneamente del rock progresivo que los caracteriza, Omar y Deantoni nos llevan en un viaje de música electrónica y voces modificadas de una manera nunca antes hecha. Vamos a la biopsia de este espécimen:

“Home Lost” es la primera canción de este trabajo, donde de entrada se pueden apreciar las influencias de origen trance y electrónica que darán la nota general de este disco, así como también el sello personal de Omar al mostrarnos unas eclécticas y disonantes escalas y acordes que construyen el camino de la canción, adornado con la texturizada y procesada voz de Omar que va a dar a una extraña continuación de la misma canción, llamada “Habits”, en la cual se hace presente un atmosférico y suave piano Rhodes. Continuamos con “Gentle Umbrellas”, un tema donde predomina el riff principal tocado en marimbas de un modo muy suave, para luego unírsele los efectos de sonido y la desarreglada guitarra de Omar que evoca al tono y delay de Robert Fripp en el disco “Larks Tongues In Aspic” de King Crimson. Los beats de batería electrónica pasan a ser más fuertes y agresivos en la siguiente pieza, “Spellbound”, en donde los fuertes grooves de Deantoni son protagonistas. “Fear Eats The Soul”, la canción con la cual continúa el disco, se alza desde una fórmula algo conocida en el estilo de componer de Omar: sólo una guitarra y una voz, algo que nos trae reminiscencias de las canciones “Asilos Magdalena” y del interludio de “Frances The Mute”, ambas canciones de The Mars Volta. Hacia el final, Deantoni se apresta a entrar, quien junto a los caóticos efectos electrónicos conducen el tema a su extinción y el inmediato surgimiento de “Better to Hang a Dead Husband Than to Lose a Living Lover”, un track que hace que salte a la memoria probablemente el más incomprendido disco de Omar: Despair. Pistas de batería y samplers de efectos en reversa y una etérea y disonante voz componen este tema. “Tentáculos” es lo que prosigue, canción que nos trae a colación el último single de TMV, “The Malkin Jewel”, con baterías desarmadas y una interpretación vocal por parte de Omar que más que un canto es un lamento. Las notas y acordes oscuros vuelven a aparecer bajo la forma de “Decided?”, una canción con muchos intervalos disminuidos y menores que cargan la atmósfera musical de tinieblas. “Compartir (Sharing a Bus)” se caracteriza por un trabajo de sintetizadores muy parecido al sonido de la banda de los hermanos de Omar, Zechs Marquise, en su último long play, “Getting Paid” (escogido como Álbum del Año por el sitio web “grisl.org”). Una canción más “alegre” que el promedio del disco como un todo, que a ratos asemeja a una canción de cuna. Todo concluye con “Angel Hair”, una pieza que con un intimista y tímido inicio va agarrando fuerza en el camino para seguir con un pegadizo riff de sintetizadores acompañados de escuetos baquetazos de Deantoni que suena a la par con la batería electrónica secuenciada. Todo termina cuando unas inarmónicas escalas son tocadas de forma macabra en el sintetizador.

Este disco nos deja un muy buen sabor de boca, sabiendo que bajo el horizonte de Omar Rodríguez-López, siempre hay algo nuevo que decir, sin importar tu estado de ánimo (que, en este caso, el luto por el fallecimiento de Frances Rodríguez está aún presente) se puede sacar algo en limpio en forma de catarsis sin recaer en lo que Jodorowsky llamaría la “pateticidad del poeta”, donde necesariamente para poder sanar debes vomitar tu dolor y psicosis de forma grotesca y horrible. Omar ha sabido canalizar sus vivencias de forma templada y minimalista, resultando en un trabajo armónico y sin excesos estilísticos que lo hacen digno de admiración. Otras felicitaciones van para Parks, quien hace notar su creatividad como maestro de ritmos y su carrera paralela de DJ de hip hop, plasmándola en su eclecticismo a la hora de tocar batería, haciendo algo parecido a un “remix en vivo”.

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