![DSO-Pandoras-Pinata[1]](http://loud.cl/wp-content/uploads/2012/06/DSO-Pandoras-Pinata1-561x561.jpg)
Por Diego Herrra
Pasa algo muy extraño con el metal hoy por hoy. Al ser un estilo tan restrictivo (hablando acerca de recursos musicales) como antiguo (relativamente), ha permanecido con un sonido bastante similar con el paso de los años. Los mismos instrumentos, ritmos, escalas, estereotipos, lo han hecho un estilo no tan atractivo de escuchar si uno busca innovación, debido a su monotonía. Dado esto nos encontramos con una situación, por así decirlo, “simpática”: el metal que más atractivo de escuchar se hace es aquel que más se aleja del mismo metal.
Es así como llegamos a Diablo Swing Orchestra (DSO para los amigos), un grupo sueco formado en 2003 y hoy integrado por AnnLouice Loeglund como vocalista, Daniel Håkansson en la guitarra y segundas voces, Pontus Mantefors tras los efectos electrónicos y la segunda guitarra, Daniel Hedin al trombón, Martin Isaksson en la trompeta, Anders Johansson como bajista, Johannes Bergion tras el cello y segundas voces y Petter Karlsson en la batería. Este último ha dejado la banda, y consecutivamente se les ha unido Johan Norbäck como su reemplazo “on the road”. Lo característico de esta agrupación consiste en su armónica combinación de creativos y festivos riffs metaleros con música barroca, ópera, jazz, swing, ballroom, y más recientemente, ritmos latinos.
Vemos en esta banda tres claras etapas en cuanto a su sonido, delineadas perfectamente por sus discos: la época del “Butcher’s Ballroom”, predominada y fuertemente influenciada por la música barroca del siglo XVII, oscura y malvada, con un cierto deje a música de fiesta de principios del siglo XX como el swing. La era del “Sing Along Songs for the Damned & Delirious” se torna menos oscura y más fiestera, así como también la caracteriza un cambio de tono en las guitarras y una destacada participación de vientos bronces. Y por último, el estadio presente que caracterizaré junto al disco:
Pandora’s Piñata parece ser una interesante incursión de DSO a un nuevo horizonte de ritmos y estilos antes no explorados desde la perspectiva de este conjunto de músicos. Me atrevo a elucubrar que esa habría sido la razón por la cual escogieron a Latinoamérica como el destino de su último tour, que los trajo a México, Brasil, Colombia, Venezuela y Argentina. Siendo así o no, lo que prima en este disco no es la ejecución (que sigue siendo magistral como en los otros trabajos de “la Diablo”), sino el amplio espectro de estilos y la gran versatilidad de sus músicos en esta placa.
Este trabajo empieza su fiesta con “Voodoo Mon Amour”, canción que fue lanzada virtualmente antes que el disco y se caracteriza por unos riffs de guitarra llenos de distorsión y, a la vez, de jolgorio y jarana. Contiene un ritmo cabeceable y bailable al mismo tiempo, coronado por la poderosa voz de soprano de AnnLouice y los coros de Daniel H. La banda continúa sus fuegos con “Guerrilla Laments”, un tema que destaca por su batería con un marcado ritmo típico de la bossa nova y la samba brasileñas al cual se le une posteriormente unas melodías dignas de música tradicional mexicana traídas a colación por los vientistas. Es en el siguiente corte, llamado “Kevlar Sweethearts” donde vemos la aparición de varios matices, como guitarras acústicas y atmósferas más etéreas y suaves, donde, sin embargo, las trompetas y trombones de connotación mariachi siguen presentes. Terminada esta canción abre paso a “How To Organize a Lynch Mob”, un solo de cello de un minuto que prepara el terreno para “Black Box Messiah”, donde, a un vertiginoso tempo, Pontus y sus efectos resuenan de una balanceada manera junto a una voz de AnnLouice multitrackeada y modificada como si fuese una demonio enojada. Seguimos con “Exit Strategy of a Wrecking Ball”, uno de los temas más bipolares del disco, en el cual se aprecian malvados y sucios riffs de guitarra compenetrados con el cello de Bergion y que los bronces y los efectos electrónicos siguen a muy buen ritmo, que luego abren paso a puentes atmosféricos y suaves con reminiscencias de música docta. “Aurora” es la siguiente canción, que destaca de entre las demás por su ausencia de instrumentos eléctricos y batería, donde nuevamente AnnLouice se roba la película, quien junto al cello de Johannes dejan fluir una pieza que nos hace recordar a la música clásica operática. Destacan las cuerdas ejecutadas con pizzicato y las campanas tubulares que se hacen presentes durante toda la canción. El frenesí sigue su cauce con “Mass Rapture”, un tema que inicia con claras raíces étnicas de Medio Oriente que conducen a la introducción hacia un pesado patrón en la guitarra. Me sorprendo al escuchar un trozo muy corto de una batería electrónica que hace un ritmo muy similar al dubstep. En los coros vuelven a aparecer los ritmos étnicos que se amalgaman de manera muy sutil con las distorsiones de guitarra y la fuerte figura de la batería. La siguiente pieza se titula “Honey Trap Aftermath”, que hace gala de una combinación muy extraña: una balada funk mariachi. Una gran acción de guitarras y bajo pasados a través de un auto-wah y escuetos trompetazos que finalizan en un outro de la banda cantando a capella. Una banda sonora de película de terror es lo que mejor define a “Of Kali Ma Calibre”, el tema que prosigue y que también ostenta el título a la canción más pesada del disco, pero que también contiene pasajes suaves donde el cello de Bergion vuelve a destacar. “Justice For Saint Mary” es la canción más larga y que concluye el disco de una manera intimista en un comienzo, que va construyendo de a poco la estructura de lo que es su final, momento en el cual la banda se deja llevar de una manera casi a modo de exorcismo hasta concluir en un atractivo remix del último riff en un estilo dubstep, nunca esperado viniendo de este grupo de músicos.
Me parece preocupante el hecho de que esta banda relativamente nueva quiera innovar e integrar estilos a toda costa, en el sentido de que DSO podría eventualmente tener una pronta fecha de vencimiento al agotarse sus recursos musicales y empezar a reiterar estos últimos, una preocupación similar a lo que ocurre con The Mars Volta. Sin embargo, y teniendo en consideración esto, como fans no nos queda más que disfrutar esta bella música que se está haciendo en nuestros días y apreciarla del modo en que se merece, de manera que, si ponemos el margen de error de que es algo efímero, la aprovechemos al máximo mientras esta banda esté activa. Por lo menos es mejor que empezar a disfrutarla años después de terminado el grupo. ¿Has escuchado cuando la gente habla de que a ciertas personas “se les pasa la micro”? En esta situación pasa exactamente lo mismo, e insto a los lectores: que no se les pase la micro. No nos lamentemos de que ciertas bandas ya no están, porque sus discos y grabaciones siguen estando. Aprovechemos el hecho de que hoy tenemos bandas buenas y activas, porque llegará el día en que ya no estén, y no lo podremos seguir haciendo. Háganse felices a ustedes y a los músicos de hoy.