El Año del Tigre.

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Por Fernando Castillo

 El Año del tigre fue finalmente estrenada el pasado Jueves 31 de Mayo. El último film de Sebastián Lelio (autor de “La Sagrada Familia” y “Navidad”) nos trae una revisión al terremoto del 27-F de 2010, esta vez atravesada por la particular mirada de Lelio que, en esta cinta como en ninguna de las anteriores, se vuelve de una desolación sobrecogedora.

La historia trata sobre Manuel (Luis Dubó), un interno de una cárcel en el sur del país –todo parece indicar que se trata de Concepción y sus alrededores- quién escapa durante la catástrofe. Manuel intenta reincorporarse a la vida en la ciudad, sin embargo el panorama con el que se encuentra es desolador: la fuerza de la naturaleza ha derribado gran parte de la ciudad, los hombres y mujeres deambulan erráticos por las calles de un desierto de escombros, los niños lloran, ya nada es lo que recordaba. Sin casa, sin rumbo, sin familia y sin nombre, Manuel entierra su pasado y emprende el camino hacia una paradójica libertad por el infierno que le aguarda en el lugar donde alguna vez vertió sus esperanzas. Durante éste camino el prófugo se encontrará con la contradictoria naturaleza del hombre al que se le ha arrebatado de un zarpazo la civilización.

 

No hablamos de una historia sobre el fin del mundo o de catástrofe, sino que es un film íntimo, de personaje, exploratorio, contemplativo y reflexivo. El Año del Tigre es el fruto de un director que alcanza la madurez, reflexionando sobre las implicancias de hacer cine, de la forma y el fondo, del significado de la catástrofe y cómo ésta es capaz de transformar al hombre. En mi opinión se trata de una de las grandes películas –y directores- de Chile de los últimos años, cruda a ratos, pero tratada con tal sutileza que hace que no sea la poca sangre de la pantalla las que nos estremezca, sino la profundidad del drama de un hombre que se encuentra con la cara más salvaje de la humanidad.

Existen algunos elementos que se transforman en el origen de la potencia visual que posee El Año del tigre, por ejemplo la impecable actuación de Luis Dubó – secundado por un tremendo Sergio Hernández-, que nunca decepciona en el rol que se le asigna, un tremendo artista que sabe hacer lo que todo buen actor debe saber hacer: desnudar al personaje que necesita retratar en todo su espectro, sin idealizaciones, ni prejuicios a los que, malamente, nos acostumbran algunas piezas chilenas.

 

Por su parte el guión es de una limpieza inexpresable, escrito en notables imágenes más que en palabras, de una pureza que sólo logra alguien que no busca resaltar, sino contar una historia sólida de principio a fin, donde jamás notamos que existe un guión, se produce esa magia que solo tiene el cine al hacernos pensar que lo que estamos viendo sucede aquí y ahora y jamás se pensó antes siquiera; nada es forzado y todo es orgánico. Tal vez el elemento más notable sea la mano del director, que sabe narrar sin prisas ni dilataciones, dejar a sus personajes respirar, vivir las emociones, masticarlas y entregarlas; en el caso de Lelio, sus personajes siempre se guardan más de lo que dicen, y está en la mano del director lograr esas expresivas imágenes que nos  exteriorizan la desolación interna de los que pueblan sus cintas. Tal y como lo dijo el cineasta nacional Miguel Littín: (sobre El Año del Tigre) “Tiene imágenes de una fuerza formidable, Lelio es un gran talento del cine chileno contemporáneo”. El Año del Tigre logra incorporar imágenes que, aisladas, parecerían de un surrealismo exuberante, a una trama perfectamente lógica, lo que hizo que me llevara esa impresión de un sueño medio vivido o de una vida medio soñada, y eso es para mí lo que se logra a raíz de una concienzuda reflexión sobre el cine mismo.

 

Presentada en Chile durante 2011 en el Festival de Cine B, premiada en diferentes festivales internacionales de renombre como el Festival de Toronto, El Año del Tigre se mantiene en las salas comerciales nacionales, como prueba de que se hace cine de calidad en el suelo nacional. Imperdible.