¿Es David Lynch un director sobrevalorado?

img

Desde la pintura, el cine, la televisión hasta la música, David Lynch es uno de los artistas más prolijos y versátiles de la Norteamérica de finales del siglo XX. Odiado y amado por partes iguales, Lynch se ha caracterizado por impregnar de un espíritu bizarro y surrealista cada una de las obras que ha generado, creando un estilo fácil de reconocer y diferenciar. Nos guste o no, Lynch es un referente en muchos sentidos, sobretodo a la hora de llevar obras a la pantalla grande que traten del suspenso, del barroco bizarro y de la irrealidad. Si bien el éxito de su carrera es innegable, no estamos aquí hoy para tirarle flores si no para desmembrar su carrera y resolver la obvia interrogante ¿Está sobrevalorado Lynch? Un desglose de los motivos para amarlo y odiarlo en las palabras a continuación.

Porqué admirar a Lynch

La carrera cinematográfica de Lynch es el máximo referente que tenemos a la hora de hablar de su obra. Tiene películas excelentes como El Hombre Elefante y, mi favorita, Terciopelo Azul. Particularmente esta última es una demostración de que Lynch, si quiere, puede hacer una película totalmente “normal” que se encasille perfectamente en un género macro, como lo es el Thriller.  Si ser ajeno a su estilo, Lynch logra plasmar interrogantes, generar escenas memorables – cualquier escena del gran finado Hopper, en particular la escena donde sale la canción de Roy Orbison “in Dreams” – y cerrar historias con giros coherentes y redondos. Si Lynch quiere, puede hacer una película “como la gente” y que la entienda cualquier abuela del mundo siendo, siempre, fiel a su estilo sombrío y barroco de hacer cine. El mejor ejemplo de esto es Una historia sencilla, la película “menos Lynch” de Lynch. Cómo no va a serlo si la distribuyó Disney y tiene la clasificación menos Mature de la MPAA ¿Es buena? es excelente. Directa, simple y cargada de emoción, Una historia sencilla completa junto con El hombre elefante y Terciopelo Azul la trilogía de películas “normales” que el director americano a lanzado al mundo y que, todos aquellos que critiquen a Lynch por raro, deberían ver. Con los años el caballero perdió esta costumbre y se volvió brutalmente autoral, pero de las cosas malas hablaremos después.

Así como tiene éxitos fílmicos, una de las razones más poderosas para amar a Lynch – Lynchaco, para los amigos – es su tremenda serie de televisión Twin Peaks. Ya hablamos hace mucho tiempo de ella, pero si le da paja leer el artículo anterior le cuento que Twin Peaks es la primera incursión de Lynch en la televisión y que su éxito fue demoledor. La primera temporada de Twin Peaks está considerada como una de las mejores temporadas de la historia de las series. Es, una clase sobre Thriller, novela policiaca y, porqué no, sobre guión. Brutal y avasalladora, Twin Peaks es un referente directo actual de muchas series policiacas/paranormales ya que dictó, en tiempos donde el drama familiar era la moda, los postulados que series como la extrañamente exitosa Lost, The Killing, Fringe y hasta la franquicia de videojuegos Silent Hill seguirían en la actualidad. Twin Peaks debe ser lejos uno de los mejores trabajos de Lynch y quizás uno de sus últimos arranques de genialidad antes de volverse loco.

En fin, si esas tres películas que mencioné antes no le bastan como argumento para admirar a Lynch, Twin Peaks da el peso suficiente. Si no la vio hágalo, si lo hace después de diga que no le avisamos.

Porqué odiar a Lynch

Terciopelo Azul y Una historia sencilla son peliculazas, pero el caballero también tiene sus puntos bajos. Uno de los principales motivos para detestar a Lynch es esa puta manía que tiene de hacer películas que no se entienden, o que hay que verlas ocho veces para, por revelación divina o fatiga intelectual, poder entender ALGO de ellas. Esta costumbre viene de fábrica, ya estaba presente en sus cortometrajes – debidamente bien compilados en una colección que le recomiendo mucho – la tendencia surrealista y onírica de sus relatos y sería en su primer largometraje, cabeza borradora, donde el estilo Lynch saltara en su máxima expresión. Justamente anoche una atractiva chica le pedía al intelectual de turno que le explicara la película que, por lo demás, le había encantado. Yo me pregunto ¿Cómo carajo te puede gustar una película que no entiendes? Digo, puedes no entenderla al 100% y te puede gustar ¿Pero si no entendiste nada de nada – cómo esa mierda de Begotten – cómo cresta puede gustarte? Es que para mi no tiene sentido. La verborrea de “la película entrega emociones y por eso me gusta” o “me perturbó, me puso en un sitio incómodo” no me la compro mucho y precisamente eso es lo que pasa con varias películas de Lynch, te dejan “en un sitio incómodo” aunque la historia no la logres pillar por ningún lado.

En Cabeza borradora te puedes perder un poco a pesar de que los códigos que entrega Lynch son bien claros – La fábrica, el hábitat nefasto, el hijo no deseado, el mejor peinado de la historia del cine – la película puede gustarte o no, pero teniendo como referente el hecho de que después de esa rara película Lynch lanzó El hombre elefante, podemos decir que en esos años su cerebro no andaba tan perdido. Con el tiempo el caballero cambiaría la mano y llevaría su surrealismo categórico al exceso. Me pego un salto de décadas, paso por encima de la gran Mulholland Drive – Una buenísima mezcla de un Thriller en justa regla y un final onírico a-la-lynch – y caigo en Inland Empire. Si usted que lee esto vio esa película por favor postee debajo una explicación a la historia del filme, porque por lo menos yo – habiendo visto Rabbits – no entendí ni mierda. Inland Empire debe ser el mejor argumento para detestar a Lynch y la hilarante recepción que tuvo en el público debe ser el mejor motivo para decir que está sobrevalorado. Es que Lynch, con el nombre que tiene y acarreando éxitos bizarros como la gran Carretera perdida, llevó al extremo lo bizarro y puso en pantalla una historia que no se entiende para nada, con giros invisibles y un arco argumental que no va para ningún lado ¿Por qué? Porque es Lynch y puede hacerlo. Que molesto, que despilfarro de creatividad, Inland Empire es alimento de fanboys, es masturbación intelectual a mano cambiada.

Como si fuera poco, Lynch tiene obras bien malitas. Sin ir más lejos digo Dumbland, el experimento de animación de don Lynchaco que, como experimento, pueeeeeede que funcione pero que tras verlo deja con la sensación de haber perdido preciosos minutos de vida. On Air es otro aborto televisivo de Lynch que prometía mucho y no llegó a nada. Y si estamos hablando de cosas malas, no podemos hacernos los lesos y hablar de los pésimos últimos capítulos de la segunda temporada de Twin Peaks, los cuales sacaron a la serie del Thriller y lo llevaron incluso a la comedia infantil ridícula. Aunque esto último es más culpa de la casa productora y su insistencia en terminar la serie pronto, es un talón de Aquiles que no podemos pasar por alto.

Y bueno, ahí están los motivos para amar/odiar a David Lynch, un artista versátil como pocos y dueño tanto de obras magnánimas como mediocres. Si me lo preguntan a mi, yo no diría que Lynch está sobrevalorado si no que su nombre pesa mucho más que sus trabajos – Porque si su disco solista lo hubiera lanzado Pepe Tapia en vez de David Lynch nadie le hubiera dado bola – viendo el lado lleno del vaso, de repente es mejor que se esté alejando de las pantallas porque prefiero quedarme con el buen recuerdo que sus grandes películas me han entregado que seguir viendo trabajos como Inland Empire. Si a usted le gustó esa no se preocupe, no es su culpa, es culpa de Lynch quien ya violó suficientes neuronas de vuestro cerebro