Videamos: Bonsái (2011)

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Bonsái (2011) es el segundo largometraje del cineasta chileno Cristián Jiménez, quien se hiciera conocido en un inicio por la notoriedad alcanzada con su cortometraje “El Tesoro de los Caracoles”. Dispar suerte corrió con su ópera prima “Ilusiones Ópticas” (2009), que contó con una tibia acogida por parte del público y la crítica. Por su parte, Bonsái, de la cual hablaremos en éste artículo, ha corrido mejor suerte, ya que formó parte en 2011 de la selección oficial del festival de Cannes, Francia.

La trama está basada en la novela homónima de Alejandro Zambra, centrada Julio, un muchacho que busca abrirse oportunidad en el mundo de las letras. Luego de una breve entrevista con un connotado escritor, que busca a alguien que transcriba el manuscrito de su novela, se entera que un candidato, menos costoso que él, le ha ganado el puesto de trabajo. Entonces el joven decide escribir un manuscrito tal como el que le habían ofrecido, para hacer pensar a su vecina-amante, que ha conseguido el puesto. Así Julio se encuentra casi de casualidad con que ha comenzado su primera novela, probablemente posibilitado por escribir bajo el nombre de otro, desprendido de pretensiones, mucho más sincero. Mientras busca una trama recurrirá a sus recuerdos y se encontrará sin querer con la búsqueda del lugar ideal, el pasado.

Bonsái no es una película ni tibia, ni complaciente. Muy por el contrario, se arriesga, y eso siempre es de valorar. Desde el minuto uno sabemos ya como va a terminar, nos lo dicen textual: Julio vivirá y Emilia morirá. Gusta que un cineasta se plantee de esa manera -casi retando al espectador promedio, a ese que le molesta que le cuenten el final de las películas y no ha descubierto que en el intermedio es donde todo pasa-, se sustenta en una dramaturgia de lo más orgánica, que no se centra en los manejos de información administrados por el guionista, artificios que muchas veces se usan para mantener historias a flote y en los que no hay, la mayoría de las veces, gran mérito. Otro aspecto que parece interesante, es que en el arte no se vuelve la típica película santiaguina de bajo costo, sino que muestra un Chile remotamente explorado en el quehacer cinematográfico nacional, muy joven y muy provinciano, muy típico chileno y sin embargo muy ausente en nuestros filmes, tiene ese “qué se yo” que usted puede identificar si ha vivido en el sur alguna vez o pasado un invierno ahí.

Por donde si se cae Bonsái, parte importante, en los diálogos y por lo mismo en las actuaciones. En boca de los personajes se puede encontrar casi todos los errores de diálogos, que resultan forzados, expositivos, pretenciosos y opulentos; es eso lo que te hace estar casi toda la película a medio enganchar. Otro elemento que no encaja del todo bien, es la aproximación temática a “En busca del tiempo perdido I: Por el Camino de Swann” de Marcel Proust, que si bien podrían ambas obras guardar relación –en abordar el tema del tiempo y la memoria-, Bonsái se queda bastante corta, pues no es bajo ningún término una película con una problemática en torno al tiempo y su reconstrucción, aun cuando a ratos el mismo film pretenda hacernos pensar que sí; sino que se plantea desde los afectos y las relaciones interpersonales, lo demás es todo muy, muy secundario y de cierta manera, casi, sobra.

Bonsái no pasará a la historia ni como un film particularmente grande, ni exitoso, sino más bien como una propuesta sencilla, interesante, atrevida, innovadora -hablando sobre lo que al cine chileno respecta- y autoral. De cualquier manera, no haría mal en darle una mirada.